Afortunadamente en España hemos desarrollado con cierta elegancia eso que llamamos sentido del humor, gracias al cual pudimos sobrevivir a tantas situaciones. Aunque debiéramos distinguirlo de alguna que otra variante de la gracia, como puede ser la impertinencia.
Con algo más de seis años mi abuela, como solía, amasaba pestiños por Semana Santa, que tenían justa fama de crujientes y sabrosos. Tanto, que el cura del pueblo me llamaba aparte, como para revelarme un secreto: “Si tu abuela ha hecho pestiños, dile que me mande unos poquitos”. En aquella semana Santa, horneados ya los famosos pestiños, me advirtió que no se me ocurriera decírselo a la tita Catalina, porque supondría compartir, también con la vecindad la novedad acostumbrada… Más pronto que tarde me encontré con la tita Catalina: “me ha dicho la abuela que hizo pestiños, pero que no te diga nada”..
Eso es una impertinencia.
Sentido del humor es la naturalidad que brota de un lirismo acentuado. Sin ir más lejos, Camilo José Cela refirió la preocupación de un escritor mediano que todas las noches se llevaba a la mesita de noche un par de lonchas de jamón, “por si le daba la tos”…
Pedro Villarejo