El presidente del Gobierno descartó inicialmente viajar a Nueva Jersey para ver la final entre España y Argentina, y ni siquiera ha acudido a ningún partido de la Roja en todo el torneo. Este miércoles, fuentes de Moncloa han matizado esa posición y aseguran que «se está intentando cuadrar agenda» para asistir, en un giro que llega en medio de un clima de contestación pública que acompaña a Sánchez desde hace meses.
No se trata de una cuestión de agenda en realidad. Se trata de que tiene miedo a recibir un abucheo delante de todo el mundo. O el típico «Pedro Sánchez, hijo de puta». Sánchez, en casa visita que hace dentro de España, suele ser pitado sin tregua. Y su miedo real, entre otros, es que la pitada, algo nunca visto contra un presidente en un evento deportivo de este tipo, la escuche y presencie in situ delante del propio presidente Donald Trump.
La selección española jugará el próximo domingo, 19 de julio, la final del Mundial de fútbol contra Argentina en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, la cita más importante del fútbol español desde el título de Sudáfrica en 2010.
Pero quien no tiene aún confirmada su presencia es el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una ausencia que se ha convertido en uno de los asuntos más comentados de la recta final del torneo.
Según informaron inicialmente fuentes gubernamentales, la agenda de Sánchez nunca contempló viajar a Estados Unidos para seguir a la selección, ni siquiera tras la victoria por 2-0 ante Francia que certificó el pase a la final.
Ningún presidente de una selección finalista se ha enfrentado nunca a un escenario parecido…
Según las fuentes de Moncloa, el presidente tampoco había acudido a ninguno de los partidos previos del torneo, ni en Estados Unidos ni en México, donde sí estuvo presente el rey Felipe VI durante la fase de grupos.
Moncloa había vinculado la ausencia a un viaje oficial a Argelia previsto para el lunes 20 de julio, apenas horas después del posible pitido final del partido.
Sin embargo, este miércoles el Gobierno ha introducido un matiz relevante: fuentes oficiales han trasladado que se está tratando de reorganizar la agenda para que Sánchez pueda desplazarse a Nueva Jersey. En realidad, lo de la agenda es solo una excusa. Su pánico es que trascienda al mundo el rechazo que tiene Sánchez en España mientras él se halla atrincherado al poder sin tener el apoyo del Parlamento. Lleva tres años sin presentar los presupuestos, incumpliendo así la Constitución. Y solo puede aprobar leyes mediante decretos que luego no son validados por el Congreso. Y aún así, sigue en la poltrona mientras idea un pucherazo sin precedentes de cara a las próximas elecciones.
Desde Moncloa, no obstante, se ha producido en las últimas horas un cambio de tono, después de días dando por descartado el viaje, lo que ha alimentado la lectura política del episodio, la sombra de una pitada que oiga todo el mundo, y el propio Trump, y el propio Milei.
Al margen de la explicación oficial, la posibilidad de que Sánchez evitara deliberadamente un desplazamiento tan mediático no ha pasado desapercibida.
Varios medios apuntan a que el presidente podría querer esquivar un abucheo masivo y retransmitido a nivel mundial, un riesgo nada hipotético si se atiende a lo ocurrido en sus últimas apariciones públicas.
Desde hace meses, los actos multitudinarios en los que participa Sánchez —eventos deportivos, conciertos, concentraciones— vienen acompañados de manera recurrente por cánticos hostiles hacia su figura, entre ellos el que asocia su nombre con la frase «me gusta la fruta», popularizada originalmente por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en el debate de investidura de noviembre de 2023.
Lo que nació como una réplica en clave de humor político se ha convertido, año y medio después, en un cántico habitual entre públicos hostiles al presidente, hasta el punto de haberse escuchado incluso durante retransmisiones internacionales.
El propio Sánchez ha calificado en el pasado ese lema como «deleznable» y ha llegado a describir su uso reiterado como una forma de «violencia política» alentada, a su juicio, por la oposición y por medios de comunicación afines. Quienes pitan a un presidente lo hacen por convicción. De hecho, es la primera vez que ocurre algo parecido con un presidente.
Desde el PP, no obstante, se ha defendido el cántico como una forma legítima de protesta y humor político frente a un presidente al que acusan de haber «deshumanizado» el debate público tras las elecciones del 23 de julio de 2023. Ni hace mociones de confianza, ni puede aprobar presupuestos ni hacer leyes, tiene más ministerios, 23, que nunca y pese a que no puede gobernar por falta de apoyos, sigue atrincherado en el poder. Con su hermano condenado, su mujer próxima a estarlo y sus lugartenientes en el partido, al que llegó amañando las primarias, están en la cárcel o en libertad provisional por delitos de organización criminal y saqueo de dinero público.
Con la selección española a un partido, el próximo domingo, de conquistar su segunda estrella mundial, la duda sobre si Sánchez estará o no en las gradas del MetLife Stadium se ha convertido en un termómetro más de la tensión política que rodea a su figura, en un contexto en el que su comparecencia en actos públicos rara vez transcurre sin pitadas.
En ausencia de confirmación definitiva sobre el presidente, el rey Felipe VI —que ya acompañó a la selección durante la fase de grupos en México— encabezará previsiblemente la representación institucional española en la final.
No se descarta tampoco la presencia de la ministra de Deportes, Pilar Tolón. Pero casi seguro que Sánchez no estará. No quiere la vergüenza, delante de Trump y del mundo, de ver cómo la grada española en Nueva York lo abuchea y lo detesta.