El patrimonio histórico ligado a la monarquía española vuelve a brillar en Aranjuez. Patrimonio Nacional ha reabierto al público el Museo de Falúas Reales de Aranjuez tras culminar la restauración de las seis embarcaciones que forman su colección. La intervención devuelve a estas piezas su esplendor original y permite al visitante comprender mejor su valor histórico y artístico.
La reapertura refuerza la oferta cultural de Aranjuez, una ciudad donde el agua, el paisaje y la historia cortesana mantienen un vínculo inseparable.
Patrimonio Nacional ha invertido 110.000 euros en un proyecto desarrollado durante los últimos nueve meses. El equipo abordó la restauración de cada falúa como una obra de arte única, con soluciones específicas para cada caso. El objetivo fue claro: garantizar la estabilidad de las piezas y mejorar su lectura histórica.
Las falúas no eran simples embarcaciones. Servían para paseos reales, celebraciones y naumaquias organizadas en ríos y estanques de los Reales Sitios. Representaban lujo, poder y espectáculo. Por eso, la intervención buscó conservar tanto su estructura como sus elementos decorativos.
Los restauradores trabajaron con respeto absoluto a los materiales originales. Aplicaron tratamientos reversibles, lo que permitirá futuras intervenciones sin dañar las piezas. Este criterio sigue las recomendaciones de los organismos internacionales de conservación del patrimonio.
Las falúas ya habían pasado por otras restauraciones. Su uso histórico y la complejidad de sus materiales lo hicieron necesario con el paso del tiempo. Esta nueva actuación mejora su conservación y permite mostrarlas en condiciones óptimas al público.
El Museo de Falúas Reales se inauguró en 1963 y fue construido siguiendo el proyecto del arquitecto Ramón Andrada. Su diseño responde a una clara voluntad de integración con el entorno natural y monumental de Aranjuez, declarado Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.
El edificio alberga embarcaciones que pertenecen a Patrimonio Nacional y que proceden directamente de los festejos reales, lo que convierte al museo en un espacio único dentro del panorama museístico español. A diferencia de otros museos navales, aquí el protagonismo recae en el uso ceremonial y simbólico de las falúas, más que en su función técnica.
Con la reapertura, el museo recupera su papel como espacio divulgativo, accesible tanto para el público general como para los amantes de la historia, el arte y la navegación fluvial. La restauración permite apreciar detalles que antes pasaban desapercibidos y refuerza el valor de estas piezas como testimonio de una época en la que el agua formaba parte esencial de la vida cortesana.
Esta actuación demuestra cómo la conservación del patrimonio no solo protege el pasado, sino que lo reactiva y lo acerca al presente, ofreciendo nuevas miradas sobre una herencia cultural que sigue viva.