¿Qué está pasando con la protección a las víctimas?: preocupación tras el último asesinato machista en Madrid

20 de febrero de 2026
2 minutos de lectura

La séptima víctima del año reabre el debate sobre la eficacia de las órdenes de protección y la necesidad de reforzar medios, coordinación y confianza en el sistema

El último asesinato machista en Madrid ha vuelto a sacudir conciencias y a reabrir una pregunta incómoda: ¿qué está fallando en la protección de las víctimas? La mujer asesinada contaba con orden de protección, una medida que, en teoría, debía garantizar su seguridad frente a su agresor. Sin embargo, la violencia volvió a imponerse.

Desde el ámbito político, las reacciones no se han hecho esperar. Se ha expresado una profunda preocupación por el hecho de que mujeres con medidas judiciales activas sigan siendo asesinadas. “Les estamos fallando a todas”, se ha señalado con contundencia, reflejando una sensación compartida de insuficiencia institucional ante una lacra que no cesa.

El dato estremece: es la séptima víctima en lo que va de año y apenas estamos a mediados de febrero. Más allá de la cifra, cada caso representa una vida truncada y un entorno familiar devastado. La repetición de estos crímenes genera frustración social y cuestiona la eficacia de los mecanismos actuales.

Se ha insistido en la necesidad de analizar junto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado qué herramientas son realmente útiles y cuáles requieren revisión. No se trata solo de incorporar nuevos dispositivos tecnológicos o modificar protocolos de forma superficial, sino de entender dónde se producen los fallos y cómo reforzar la prevención de manera efectiva.

Más allá de las medidas: confianza y unidad

El debate no se limita al ámbito técnico. También se ha puesto el foco en la importancia de generar confianza en las víctimas. Denunciar es un paso difícil y valiente, que exige seguridad en que el sistema responderá con rapidez y eficacia. Si esa confianza se resquebraja, el riesgo aumenta.

Se ha subrayado que la lucha contra la violencia machista no puede convertirse en una disputa partidista ni en un intercambio de etiquetas ideológicas. “O se defiende a la mujer o no se defiende”, se ha afirmado, apelando a la necesidad de unidad frente a un problema estructural que atraviesa toda la sociedad.

En este contexto, la discusión sobre dispositivos como las pulseras de control ha vuelto a la primera línea. Pero el mensaje es claro: no basta con cambiar herramientas si no se garantiza su funcionamiento y seguimiento adecuados. Lo esencial es poner todos los medios necesarios para que las órdenes de protección sean realmente efectivas.

El asesinato en Madrid no es un hecho aislado, sino parte de una cadena de violencia que exige reflexión profunda. Cada vez que una mujer con medidas de protección es asesinada, se cuestiona la capacidad del sistema para anticipar el riesgo y actuar a tiempo.

La pregunta que hoy resuena —“¿qué está pasando?”— no busca solo señalar responsabilidades, sino impulsar cambios reales. Porque detrás de cada estadística hay una historia, y detrás de cada historia, una sociedad que debe decidir si está dispuesta a reforzar de verdad la protección, la prevención y la igualdad.

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