Por el simple hecho de estar vivo, que es un hecho totalmente circunstancial, ni permanente ni elegido, muchos se creen dueños al poseer la gran panacea o baraka que les proporciona el poder absoluto, no solo de sus vidas, sino también de las de todos sus «súbditos, o quizás ciudadanos».
Cualquiera de esos mandatarios, por muy pequeño que sea el país al que representa o por muy explotados que estén sus ciudadanos, expresa en sus discursos una supremacía con la que se muestra ante ellos como el único salvador de las vidas y haciendas de aquellos a los que se supone que representa, pero la realidad es que estos son los peones necesarios para sus ambiciones.
Mientras sus fieles palmeros se dejan las manos en carne viva aplaudiendo a ese dios de barro, al que poco le importan esos infelices mortales, viéndolos desde su «prestada atalaya».
Esa acción de su propia exaltación conduce con ganas a los no creyentes de sus falsos propósitos a ponerse de espaldas ante él, para mostrarle la desaprobación más absoluta de sus vanas y vacías palabras, acompañadas de esas mentiras que todos esperan que expongan con contundencia.
Sería más visible para esos falsos dioses darles la espalda y no cubrir sus falsedades, hacerle ver al fatuo de turno su desacreditada presencia.
En alguna ocasión hemos visto a la prensa dejar sus cámaras en el suelo como protesta, demostrando con esa actitud una valentía ante la responsabilidad que implica cubrir noticias que de antemano saben que no son ciertas: son más mentiras, más de lo mismo.
Durante ocho inacabables años hemos sido testigos y sufridores de irregularidades en la dirección de un país que fue grande por la palabra dada y por el respeto a sus países amigos libres y no dictatoriales. Hoy, por desgracia para muchos, vivimos el reverso de la moneda.
Hace unos días el falso Sr. Amor escenificó ante su público una declaración de amor para hacer notar la presencia de su querida socia, imputada esposa; en el espectáculo venían incluidos el beso y ese baile un tanto grotesco de dos personas que solo se representan a sí mismas, pero por separado…
Con esa demostración de querer mostrar a la plebe su cercanía, bajándose al barro de sus mortales seguidores, lo lograron, al comprobar entre sus fieles la exaltación de ese acto de auténtico sacrificio, dedicado a ellos y a todos los medios de difusión…
Cuando un mandatario está más denostado, echa mano de su mujer, o del gato que pasa por allí, para mostrarse, acariciándolo incluso, como en ese acto de exaltación de su mujer, a la que en esta ocasión no llamó por su nombre de pila… Los dos, mostrando buena armonía, bajando a la tierra desde su Olimpo privado…
El espectáculo está servido, con demostraciones de amor mezcladas con ese victimismo propio de un mago que expone sus mejores bazas para ganar votos.
Pero a este acomodaticio falso Sr. Amor no le hacen falta esas demostraciones: para eso tiene a su fiel Tezanos, que de antemano le muestra sus encuestas, preparadas como un verdadero artista, y sigue, y sigue, empecinado en acertar…
Sus fieles le siguen; son como los seguidores del Real Betis Balompié, que en el año 1947 descendió a Tercera División y permaneció allí hasta 1954. Fue una etapa muy frustrante y dura, pero los béticos de entonces permanecieron fieles a su equipo, como la gran peña que eran y que, hoy en mayor número, siguen siendo.
Se creó una frase de apoyo incondicional que continúa hoy, después de haber sido creada a finales de los años cuarenta. ¡Viva el Betis manque pierda! Y no es un lema, como dicen algunos: es una filosofía de vida. Ellos son así, fieles a su equipo con entusiasmo y muchas ganas de gloria.
Pues, con una enorme distancia respecto de los que se juegan en el campo el mejor lugar para su equipo y ser cada vez más grandes, en la política es muy diferente: no juegan en equipo y, a la vista está, solo «uno, es muy descriptivo» quiere ocupar el primer lugar, a costa de lo que sea, y no existen las tarjetas para penalizar, como en el fútbol.
Esperemos tener unas elecciones limpias que estén observadas por Europa, por la cuenta que nos trae a todos. Sabemos a qué nos exponemos: aquí no valen las medias tintas.
España ahora no goza de fidelidad por las pruebas que estamos dando de aislamiento respecto de los países libres y poderosos, y todo ocurre por esos avariciosos que hoy están al frente de ese gran barco que no navega, al estar escorado y sin flotadores, pues todos los compró Marruecos para invadir Ceuta, más todos los que entraron por tierra.
Quien no sepa nadar, que aprenda; confiemos en los magníficos deportistas españoles, que viven en nuestra tierra y aman a España sin necesidad de subirse a un estrado para hacer una parodia de amor bochornosa por su significado y propósito…
Ellos, nuestros magníficos deportistas, saben quiénes son y de dónde vienen; sus triunfos son de ellos, para España. Esta gran nación volverá a ser lo que fue, con proyectos viables y no quimeras para engañar a un público sin un pensamiento libre.
¡Viva la libertad siempre! Venderse al mejor «postor» es la trampa que muchos emplean, a base de mentiras, para sublimar a sus fanáticos y arrastrarlos al desastre de sus propias vidas, arruinando sus países.
Que sea tu propia voluntad la que te guíe y no la falsa palabrería prometida en mítines de una falsa exaltación.
Que de verdad las urnas sean transparentes y no cajas de cartón.
Que la palabra dada sea cierta al quedar escrita y firmada.
Y ante todo, que la integridad de nuestros políticos quede demostrada antes de ser elegidos.
Que las reivindicaciones no alteren la fisonomía de nuestras ciudades destrozando el patrimonio urbano.
Que sean castigadas las asociaciones que las producen con multas ejemplares.
Que se cumpla por fin el orden cívico, respetando nuestros espacios públicos.
Es nuestro país, son nuestros pueblos y ciudades: demostremos coherencia los unos a los otros y no arengas destructivas que solo conducen a la barbarie colectiva.
Es como una maldita droga que se pasan los unos a los otros y que destroza las vidas de todos los demás. Procuremos mirarnos de frente y valorar si llegar a situaciones caóticas nos beneficia. Pensemos que lo mal hecho siempre termina peor que antes.
La barbarie conduce a la sinrazón, a la indefensión y a la destrucción de cualquier reivindicación, por muy necesaria que sea. Siempre quitará la razón a esa verdad tan necesaria.