Aburrirse también puede ser beneficioso para los niños, especialmente durante el verano. Llenar cada hora con campamentos, deportes, pantallas o actividades puede parecer una buena forma de mantenerlos entretenidos, pero dejar espacios libres también resulta importante para su desarrollo. La psicóloga escolar Leydis Morejón defiende que el aburrimiento puede ayudarles a depender menos de estímulos externos y ganar autonomía.
La especialista advierte de que una agenda demasiado cargada puede impedir que los pequeños tengan tiempo para imaginar, crear sus propios juegos, aprender a esperar o descubrir qué les interesa realmente. Por ello, propone reservar momentos sin actividades programadas, pantallas ni instrucciones constantes de los adultos.
Esto no significa dejar al niño solo ante el aburrimiento. Los padres pueden ofrecer un entorno seguro y materiales sencillos, como cuentos, pinturas, piezas de construcción o elementos de la naturaleza, pero evitando proporcionar inmediatamente una solución cuando aparece el clásico «me aburro».
Morejón también recomienda que las familias se planteen si determinadas actividades responden realmente a las necesidades del menor o al temor de los adultos a que sus hijos pierdan oportunidades.
El descanso, recuerda, tampoco debería entenderse como tiempo perdido. Un verano equilibrado puede incluir actividades y aprendizaje, pero también momentos para parar, imaginar y aprender a entretenerse sin depender constantemente de estímulos externos.