Los farmacéuticos han pedido reforzar las precauciones frente a las picaduras de insectos y otros animales durante el verano, una época en la que este tipo de lesiones se multiplican. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos recomienda instalar mosquiteras en ventanas y puertas, aplicar repelentes sobre la piel y vestir ropa que cubra la mayor superficie corporal posible como primera línea de defensa.
Las picaduras de insectos y arañas son mucho más frecuentes en verano y, según los farmacéuticos, constituyen un asunto de salud pública que va más allá de la molestia puntual. No se trata solo de la toxicidad de algunos venenos, sino también de su capacidad para transmitir enfermedades: ciertas especies de mosquitos, por ejemplo, pueden contagiar la fiebre del Nilo.
La mayoría de los casos se resuelven con una afectación leve y localizada, pero la gravedad depende del animal implicado y de si sus toxinas o microorganismos llegan al organismo. El abanico va desde una simple urticaria hasta cuadros de angioedema, problemas respiratorios, cardiovasculares, de coagulación o del sistema nervioso central. El riesgo vital existe, aunque en España es poco frecuente.
Además de mosquiteras, repelentes y ropa protectora, el Consejo General recomienda eliminar el agua estancada del entorno, ya que favorece la proliferación de mosquitos. También aconseja reducir el tiempo al aire libre entre el atardecer y el amanecer, mantener las luces apagadas por la noche y prescindir de perfumes intensos, todos ellos factores que atraen a estos insectos.
Las consultas por picaduras de avispas y abejas se concentran entre junio y septiembre. En la mayoría de los casos provocan solo una reacción local: dolor intenso, una pápula -un bulto en la piel- y una mácula enrojecida de unos dos centímetros alrededor.
Ante una picadura de este tipo, los farmacéuticos aconsejan retirar cuanto antes el aguijón y la vesícula con unas pinzas, para evitar que siga liberando veneno, y después aplicar frío en la zona para calmar el dolor, el picor y la inflamación. Si el picor es muy intenso, puede recurrirse a un antihistamínico.
El escenario cambia si aparece una reacción anafiláctica, una respuesta alérgica grave que puede poner en riesgo la vida. En ese caso hay que extraer el aguijón sin demora, aplicar medidas de soporte vital y acudir de urgencia a un centro sanitario.
Tras una picadura de mosquito, lo recomendable es lavar la zona con agua y jabón, evitar rascarse -puede favorecer una infección- y aplicar frío local o remedios de fitoterapia, como caléndula o aceite de árbol de té diluido, para aliviar el picor. Si la reacción es más intensa, cabe recurrir a un antihistamínico oral o a una crema con antihistamínicos o corticoides de baja potencia, como la hidrocortisona.
Las picaduras de medusa rondan las 25.000 al año en España, según un estudio elaborado a partir de los registros de 787 servicios de socorrismo en playas españolas a lo largo de 15 años. Provocan picor intenso, dolor, escozor y enrojecimiento por las sustancias tóxicas que liberan.
El Consejo General insiste en desterrar varios remedios populares que, lejos de ayudar, pueden empeorar la lesión: mojar la zona con agua dulce, aplicar amoniaco o alcohol, frotar la piel afectada o hacer vendajes a presión. Tampoco recomienda el vinagre, salvo en supuestos muy concretos.
El procedimiento correcto pasa por retirar, sin frotar, los restos de tentáculo que hayan quedado pegados a la piel y lavar después la zona con agua de mar -nunca dulce-. A continuación conviene aplicar hielo seco a intervalos; si el dolor aprieta, un analgésico, y para el picor, un antihistamínico oral o un corticoide tópico, evitando siempre exponer la zona tratada al sol.