El verano y las altas temperaturas invitan a disfrutar de un buen chapuzón en la piscina o en la playa, un momento de desconexión y ocio donde, sin embargo, a menudo bajamos la guardia. La falsa sensación de seguridad que nos da conocer el entorno o saber nadar a la perfección puede jugarnos una mala pasada y convertir un día de descanso en una pesadilla.
Para prevenir sustos, los especialistas aconsejan entrar al agua de forma paulatina o usar las escaleras, y recomiendan que, si ocurre un accidente, nunca se mueva el cuello de forma brusca a la víctima y se avise de inmediato a los servicios de emergencia.
El profesor y doctor en Fisioterapia Carlos Villarón advierte de que el exceso de confianza y la relajación veraniega llevan a cometer cuatro fallos graves al tirarse al agua: no comprobar la profundidad, lanzarse de cabeza en zonas bajas, hacer acrobacias y no mirar si hay más gente.
Saber nadar no es un escudo frente a los accidentes, ya que una buena técnica no evita un impacto violento contra el fondo si se calcula mal la profundidad o se entra al agua de forma impulsiva.
Los principales afectados suelen ser jóvenes o varones activos que, al sentirse seguros en el entorno, asumen riesgos cuyas consecuencias pueden ser devastadoras, desde contusiones hasta lesiones medulares o tetraplejia.