Opinión desinformada sobre la situación en Venezuela

13 de febrero de 2026
7 minutos de lectura
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Nicolás Maduro, presidente de Venezuela. | EP

La captura de Maduro es un excelente primer paso, pero insuficiente para declarar Venezuela «libre»

En las últimas semanas, he observado cómo diversas voces, desde autoridades, articulistas y analistas externos, ya sean estadounidenses o de cualquier otra nacionalidad, han emitido opiniones que revelan una profunda ignorancia sobre la compleja realidad de Venezuela, un país que ha sufrido bajo el yugo de un régimen ilegítimo y criminal durante más de 25 años, régimen coercitivo, represivo y criminal.

Emitir juicios tan categóricos sobre la «libertad» en Venezuela, que proclaman que «Venezuela ya es libre» tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, no solo simplifican un problema multidimensional, sino que generan confusión y podrían socavar el apoyo necesario para un cambio real. Hago una salvedad importante: cuando estas opiniones provienen de autoridades directamente involucradas en las decisiones del gobierno de Estados Unidos, podrían obedecer a una estrategia oculta destinada a lograr objetivos mayores en la lucha contra esta estructura represiva. Sin embargo, como no soy conocedor de tales estrategias internas, y al observar que estas declaraciones dejan una estela de confusión sobre la verdadera intención del gobierno estadounidense contra la red ilegítima y criminal que aún prevalece, temo que deriven en opiniones sesgadas entre seguidores o condicionales. Esto, a su vez, podría dificultar la apreciación real de las acciones en curso, ocasionando un desbalance en el apoyo nacional dentro de Venezuela y entre los venezolanos en el exterior, lo que no suma al esfuerzo colectivo necesario para garantizar el éxito efectivo del desmantelamiento del régimen ilegítimo, la recuperación integral del país y una transición genuina hacia un gobierno democrático en plena libertad, con Estado de Derecho y Justicia.

Como testigo directo y perseguido político de esta estructura delictiva, conozco de primera mano sus engranajes, sus personajes y la tenacidad con la que buscan aferrarse al poder, incluso a costa de la paz hemisférica y en alianza con fuerzas antioccidentales. Permíteme explicarte, de manera estructurada y basada en hechos, por qué tales afirmaciones son no solo prematuras, sino peligrosamente ingenuas.

La operación militar de Estados Unidos para capturar a Maduro, desconociendo su legitimidad como Jefe de Estado desde 2019 y dejando a Delcy Rodríguez como figura provisional, en el mismo orden de ilegitimidad, es sin duda un logro monumental. Representa el desmantelamiento inicial de la cabeza visible de una tiranía que ha instaurado la mayor represión y persecución política en el continente, generando el éxodo histórico más masivo de venezolanos, más de 7 millones hemos emigrado en busca de seguridad. Sin embargo, creer que esto equivale a «libertad» es ignorar que el régimen no es solo un hombre, sino una organización represiva y agresiva construida meticulosamente durante décadas. Sus enlaces internacionales, con Cuba, Rusia, China, Irán y otros actores antioccidentales, siguen intactos, y los esbirros formados en este sistema continúan en libertad, sin disposición alguna para someterse a una convivencia pacífica o a un nuevo orden democrático.

Esta estructura no se evapora con una captura. Los cabecillas fundadores y ejecutores de este proyecto de ignominia, figuras como Diosdado Cabello, los hermanos Rodríguez, Tarek William, Padrino López y otros altos mandos, permanecen en posiciones de influencia, sosteniendo una ideología de muerte: el comunismo o socialismo del siglo XXI, que ha alienado a una minoría resentida y totalitaria. Esta minoría, aunque poblacionalmente pequeña, no acepta otra forma de gobierno o economía. Han sido indoctrinados para ver cualquier disidencia como una amenaza existencial, y su respuesta ha sido siempre la retaliación violenta. ¿Cómo pueden afirmar que es seguro regresar cuando estos elementos siguen operando con impunidad? Soterradamente accionan sobre la base de su real pensamiento ideológico y empoderados con el sostenimiento del poder, especialmente el de las armas.

Peor aún, una buena parte de esta minoría posee armas de fuego, ampliamente documentado por organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional, entre otras organizaciones regionales, y está organizada en colectivos armados, comunas y grupos paramilitares altamente peligrosos. Estos no son meros simpatizantes; son elementos decididos a coartar cualquier indicio de libertad, justicia o democracia auténtica. Han sido alimentados con una narrativa antiimperialista, inyectada por el régimen y auspiciada paradójicamente por influencias externas, que pinta a Estados Unidos como un colonizador esclavizador que busca dominar nuestras riquezas naturales (petróleo, minerales, etc.). Esta propaganda no desaparece de la noche a la mañana; al contrario, podría intensificarse como reacción a la captura de Maduro, generando represalias contra opositores, exiliados que regresen o incluso contra intereses occidentales.

Y no olvidemos el núcleo del daño que liderizaba Maduro y que persiste: el narcotráfico. Venezuela se ha convertido en una ruta clave para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y Europa, con carteles como el de los Soles implicados en altos niveles del gobierno. ¿Creen que esto se detiene automáticamente? La estructura criminal, que incluye lavado de dinero, corrupción y alianzas con guerrillas como las FARC y el ELN, sigue operando de manera soterrada, con el poder para cometer delitos internacionales. La cúpula sucesora del poder de Maduro es también sucesora de la dirección del control de tráfico de drogas sobre el país y el asentamiento de los grupos irregulares que la detenta. Desmantelarla requiere una intervención profunda y sostenida, no solo una captura. De lo contrario, el daño a la humanidad, especialmente a la sociedad estadounidense (donde el fentanilo y otras drogas provenientes de estas rutas causan miles de muertes anuales), continuará. Difícilmente se puede esperar que se desprendan de este comercio ilegal que les proporciona una continua caleta de dólares y que comprende su sustento de estructura organizacional, su sustento ostentoso personal y las prácticas de orden ideológico político.

Esto va más allá de lo interno. Venezuela no es solo un país fallido; es una cabeza de playa geoestratégica para Rusia y China, utilizada para rebatir y combatir a Estados Unidos desde su propia vecindad. Bajo el régimen, se ha convertido en una plataforma de lanzamiento para operaciones contra la sociedad estadounidense y su territorio: desde inteligencia cibernética hasta alianzas militares, pasando por la conformación de un bloque suramericano y caribeño (inspirado en UNASUR bajo la figura de la antigua Union Soviética, el ALBA y otros foros) que sostiene posiciones antioccidentales en la región. Rusia ha instalado misiles, bases y asesores; China radares y diversos sistemas de arma y telecomunicaciones, controlan igualmente recursos clave como el petróleo y la minería. Estos regímenes totalitarios operan en plazos de décadas, mientras que, en democracias como Estados Unidos y Europa, los gobiernos cambian cada 4-5 años, permitiendo a los adversarios avanzar en sus logros geoestratégicos. No dejemos de considerar igualmente a Irán, cuya presencia ampliamente conocida se traslada a Venezuela y trae consigo la construcción de drones, lanchas misilísticas, inteligencia y los grupos extremistas islámicos.

La amenaza no es solo delictiva por el narcotráfico, económica o energética; es multidimensional: ideológica (promoviendo el antiimperialismo), cultural (erosionando valores occidentales), religiosa (aliándose con teocracias como Irán) y militar (con ejercicios conjuntos y transferencias de tecnología). Si crees que sacar al tirano y obligar a los restantes a cumplir «condiciones positivas» resuelve todo, estás subestimando esta escalada. Es una cuestión de mediano y largo plazo que afecta no solo a Venezuela, sino esencialmente a Estados Unidos y la paz hemisférica. Dejar raíces intactas permite que el mal retoñe, como ha ocurrido en otros contextos históricos (la misma Rusia, Cuba, Nicaragua, Colombia en proceso).

Conclusión: hacia una libertad auténtica y segura

En resumen, la captura de Maduro es un excelente primer paso, pero insuficiente para declarar Venezuela «libre». Como exiliado con estatus migratorio en Estados Unidos, perseguido por este régimen, mi disposición a regresar está intacta, y sé que lo mismo ocurre con la gran mayoría de la diáspora. Sin embargo, este regreso está sujeto a una evaluación debida y realista: debe ocurrir en el momento oportuno y adecuado, cuando las condiciones garanticen seguridad personal y colectiva, y no expongan a represalias de una estructura criminal aún vigente.

Mientras tanto, nuestra obligación es contribuir desde donde estemos a que ese estado de retorno sea lo más pronto y seguro posible. Esto nos obliga a trabajar activamente, desde el exilio, en este complejo proceso de restauración de nuestra República de Venezuela en todos los órdenes: político, institucional, económico y social, para lograr una nación libre, democrática, con amplio espectro de progreso y desarrollo.

Tampoco podemos, ni debemos, desmontar de la noche a la mañana el asentamiento social y económico que muchos hemos construido aquí durante 6, 10 o más años. Hemos recibido una atención muy agradecida de la nación estadounidense, y en correspondencia hemos dado elevada calidad de servicio y productividad a esta sociedad: en profesiones, emprendimientos, contribuciones fiscales y cotidianas. No se puede obviar ni desprenderse ligeramente de este valor humano por posiciones mezquinas, elementos normativos fríos o presiones que ignoren la humanidad de nuestra comunidad. Es necesario actuar desde lo realmente humanitario: reconociendo el aporte mutuo y permitiendo transiciones dignas y ordenadas.

Solo entonces podremos disfrutar de una auténtica libertad, con pleno Estado de Derecho, justicia y democracia. Esto beneficiará a todos: a los venezolanos, para reconstruir nuestra nación; a Estados Unidos, para eliminar una amenaza en su patio vecino; y al hemisferio, para restaurar la estabilidad, paz en libertad y democracia integra.

Invito a informarse mejor, quizás consultando fuentes objetivas y amplios conocedores de la situación desde el inicio de siglo con el difunto traidor Chávez, o como algunos informes de la ONU, ONG’s de DDHH, el Departamento de Estado de EE UU o los testimonios auténticos de exiliados. La realidad no es tan simple como una declaración, un tuit o cualquier post optimista; es compleja, dolorosa y requiere acción decidida. Si están dispuesto a un diálogo basado en hechos, estoy abierto. De lo contrario, opiniones como éstas, de esa naturaleza, solo perpetúan la desinformación que tanto daño ha causado, el accionar errático de las autoridades y el sostén del ilegitimo régimen criminal en Venezuela.

*Por su interés reproducimos este artículo de Antonio Rivero publicado en Diario Las Américas.

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