Las elecciones anticipadas de Extremadura y Aragón, y las que se avecinan de Castilla y León el 15 de marzo, tras salirse VOX de esos gobiernos, han puesto de relieve (aparte de los batacazos de la enviada de Pedro Sánchez y el desatado crecimiento del partido de Abascal) algo llamativo en tiempos donde al presidente del Gobierno se le llena la boca con términos como «democracia», «transparencia», «limpieza»…
·Es democracia inequívoca y obligada convocar elecciones (déjese en la esfera de su ética calibrar si el mayoritario clamor popular de que dimita y se vaya, moralmente debe ser acatado) si el gobernante no puede gobernar.
Es decir, si Sánchez está, o no, en condiciones de aprobar leyes. Solo ha podido aprobar unos presupuestos a lo largo de su legislatura. Está obligado constitucionalmente a elaborar unos cada año. Pero no tiene mayoría, depende de secesionistas y bilduetarras.
Y ahí sigue.
Que tres presidentes autonómicos populares hayan llamado a las urnas en cuanto supieron que no podían aprobar los presupuestos (instrumento crucial para la economía de un país o de una región), a Sánchez se la trae al pairo. Se hace el sueco.
También le da igual al hombre del millar de asesores arrastrar a todo el PSOE hasta el cieno judicial que envuelve a su familia, prostíbulos del suegro incluidos, y a sus otrora más allegados troncos políticos (Ábalos, Cerdán, Koldo…).
Los frutos de la fusión y absorción ideológica Sánchez/Podemos (arremetiendo contra valores arraigados, cambiando la vida de los pueblos rurales, prohibiendo limpiar ramblas como la del Pollo, cacareando eso del fachorío y los bulos, reemplazando a españoles por migrantes que les voten a ellos, coaccionando a jueces para que empuren a quienes no piensen igual o piropeen a una mujer…) han acabado por hartar a jóvenes, jóvenas, y adultos y adultes, que diría la eurodiputada de 23.000 euros al mes Irene Montero.
Ella y Belarra ha sido el látigo injusto de inocentes sometidos al escarnio del ultrafeminismo. Ya no les votan ni las mujeres.
La aplicación desnortada de las ideologías que Pablo Iglesias le susurró al oído, porque Sánchez es hombre de principios grouchiamos y escasas convicciones, le están conduciendo ya a pelear con VOX por la segunda posición electoral.
Precisamente, esa asintonía con la calle explica sus catástrofes electorales. Podemos se ha evaporado en Aragón. Alvise sacó el triple de votos que los de Pablo Iglesias, ese que da doctrinilla barata cuando hace proselitismo frente a la TV.
Justo a la salida de la nebulosa electoral de este domingo, vuelve el efervescente noticiero de la corrupción. El que no cesa de escándalos. Y los que quedan por saberse.
El PP del Senado ha destapado que las empresas de la familia de la secretaria de Estado Susana Sumelzo han recibido en los últimos años 30 millones en subvenciones del Gobierno y autonomías gobernadas por el PSOE.
Sumelzo es de confianza, total, de Sánchez, muy amigos, de antaño.
Un 150% aumentaron de un año para otro las subvenciones dadas por administraciones del PSOE a las empresas Sumelzo.
Sumuelzo es Secretaria de Estado para Iberoamérica y el Caribe y el Español en el Mundo de España. Así se llama su cargo. Rezuma a una creación ex profeso, con el segundo mayor sueldo del ministerio.
Lo de Sumelzo y sus empresas familiares es sintomático. Ella ha dicho en el Senado que ahora no tiene ninguna relación mercantil con las empresas de su familia; si bien admite que hace tiempo fue apoderada de una de las firmas. Se desentendió de todo en el Senado.
Es alejarse el ruido electoral y en la resaca emerge, sin solución de continuidad, otro chanchullo Sanchista. Ya van tropecientos, cada cual más fuerte.
Y maloliente.
¿Por qué Sánchez no sigue la senda de Aragón, Extremadura y Castilla y León y llama a las urnas?
El presidente en funciones de Aragón, el popular Jorge Azcón, vio que no tenía apoyos para aprobar los presupuestos, e ipso facto convocó elecciones.
A la presidenta de Extremadura María Guardiola, le comunicó VOX que no iba a respaldar los presupuestos, e ipso facto convoca elecciones. Y lo mismo ha hecho el presidente de Castilla y León.
Pedro Sánchez lleva tres años sin presupuestos, ni visos de aprobar unos, y ¿qué ha hecho?
Nada. Ahí sigue. Impertérrito.
Está arrastrando al PSOE a su etapa más oscura, y sí él se hunde, que se hunda también el partido. Ha vendido por votos a los secesionistas cuanto estos le han pedido.
Con un fin espurio: bañarse el máximo tiempo en el poder, hasta el fin del fin, hasta el último minuto. Ni una hora antes.
Cuando ganó la moción de censura, le pidió a Rajoy que se fuese al día siguiente de La Moncloa porque él se iba a meter ese mismo fin de semana dentro con su Begoña Gómez. Tenía ansias de moqueta. Dará guerra turbia antes de salir del palacio. Al tiempo…
Los batacazos socialistas de Extremadura y Aragón son achacables casi exclusiva a Pedro Sánchez.
No se acierta a entender cómo un presidente que se infla hablando de democracia, transparencia y demás coletillas no ha presentado aún su renuncia
Los mandatarios europeos, y Trump, que le tiene echado el ojo, están impactados con Sánchez.
sus países, la dimisión es una consecuencia lógica de cualquier mínima indecencia. Sánchez está ahogado en indecencias. No puede salir a la calle, en La Moncloa tiene un periscopio corrupto.
Pero no se va. Hasta el 27. Es un mandatario sin presupuestos al que seguramente le seduce tener sirvientas, cocina permanente, baboseos varios, escoltas, coche blindado… Y, lo más importante, tratar de controlar a la UCO.
Sánchez es capaz, antes de irse, si ve la cosa mal, de hacer una ley de amnistía exclusiva para él y su familia. Cándido Conde Pumpido le dará forma antes de validarla en su Tribunal Constitucional.
De momento, ahí sigue, cuesta abajo y sin opciones de gobernar. Pero no se va…