El cainismo de Abascal que Feijóo tiene la ilusión de rentabilizar

12 de febrero de 2026
3 minutos de lectura
Santiago Abascal I Fuente: Europa Press

Nacidos en la misma cuna, empero, el líder de Vox construye la derecha ultramontana con vocación de poder mientras el líder del PP parece exhibir un desconocimiento tanto sobre su enemigo como sobre sí mismo

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no tendrás que temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria obtenida sufrirás también una derrota. Si no te conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”

El arte de la guerra

Don Alberto, tenemos un problema, Sun Tzu lleva razón. Y parece, solo digamos parece, que el líder del PP que es usted atraviesa un momento en el que no se conoce a sí mismo ni a su enemigo.

Su rostro desencajado por la angustia en Zaragoza era el reflejo de ese doble desconocimiento. ¿O es que lo que dijo la portavoz Ester Muñoz, en su rueda de prensa del martes, no es prueba de ello?

“Los ciudadanos no quieren que gobierne la izquierda, hay que respetar la voluntad de los ciudadanos. La izquierda ya se está activando para unirse. Y, por lo tanto, lo que tiene que hacer la derecha de este país, los que estamos a la derecha de Pedro Sánchez, no podemos cometer errores. Yo no sé si usted tiene hermanos; yo tengo tres. Y he discutido en multitud de ocasiones con ellos, pero siguen siendo mis hermanos. Lo que quiero decir es que en campaña se dicen muchas cosas. Hay que ser pragmático y, sobre todo, respetar la voluntad de los ciudadanos. A veces nos gustarían unas cosas, pues que no pueden ser”.

Y aquí es donde tenemos el problema: el diagnóstico, sea reflejo, o no, de lo que Ester Muñoz habla con usted, está equivocado.

Santiago Abascal es ahora el partido oficial en España de la Internacional Ultraderechista de Donald Trump y su movimiento MAGA, tanto como Pedro Sánchez lo es de la Internacional Socialista (IS). Son dos campos en combate diario. Sabemos que Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de la Comunidad de Madrid, está en el PP, pero desde allí se adhiere a la internacional trumpista. Combate el cainismo de Abascal asumiendo, sin complejos, que diría Aznar, el cien por cien de su programa. Es la abascalista del PP.

Pero ¿y Feijóo? Ahora, su estrategia ha dejado huérfanos a dos gobiernos, el de Extremadura y de Aragón, a expensas de lo que diga Abascal. María Guardiola ha pedido la abstención del PSOE en Extremadura para gobernar ante las radicales exigencias de Vox para formar un nuevo gobierno, unas exigencias que reflejan el ascenso en todas partes, especialmente desde el pasado verano, de Vox.

Y que Abascal, al duplicar escaños, también tratará de imponer en Aragón. En realidad, Vox espera, sobre todo, el Grand Prix, en las elecciones del 15 de marzo en Castilla y León, y rematar sus avances en Extremadura y Aragón a costa de un candidato, Alfonso Fernández Mañueco, que está en franca declinación.

La antesala de las elecciones en Andalucía, en las que Juanma Moreno Bonilla tendrá que disolver entre abril o mayo y estará abocado a perder la mayoría absoluta, con un renovado salto de Vox en dicha región.

El mapa político español conoce una precarización generalizada. Hasta la convocatoria de elecciones anticipadas en Extremadura y Aragón, es decir, elecciones que no tocaban, en el panorama sobresalía la debilidad parlamentaria de Pedro Sánchez y el estallido de fuerzas centrífugas dentro de su coalición.

Pero la estrategia de Feijóo ha extendido esa situación y somete a las dos regiones citadas al experimento con gaseosa y al cambalacheo entre PP y Vox, que solo incrementa la inestabilidad.

Sabemos, una vez más, que Felipe González quiere lo mismo que Feijóo: ¡váyase señor Sánchez! Rara vez González habla de Vox y de Abascal pero ahora, después de Aragón, ha sostenido que pactar con Vox no es tan malo como pactar con EH Bildu, que no ha pedido perdón por los crímenes de ETA. Abascal tampoco consideraría del todo malo a González, porque el GAL, el terrorismo de Estado contra ETA, existió.

De ello ha dejado rastro una jovencísima abogada, llamada Olga Tubau, cuando consiguió la condena de Barrionuevo y Vera en el caso Segundo Marey, secuestrado por el GAL en 1983. El actual presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido formó parte del tribunal que emitió la condena en julio de 1998. Y, por cierto, González tampoco pidió perdón o sintió el dolor de las víctimas.

Pero, volvamos a Feijóo. Ha dejado de hablar el lenguaje de Vox en la intimidad. Ahora lo hace como quiere Díaz Ayuso que lo haga en público. Y con Vito Quiles como estrella.

¡Es el cainismo, estúpido!


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