Zuko, de 12 años, sufría y se asfixiaba, y sus amos, llorando, le llevaron al veterinario para despedirse de él. En cambio, en el registro policial de un domicilio de Madrid, dos canes se lanzaron contra los agentes, azuzados por los criminales, y hubo que matarles
Las contrariedades de la vida. Mientras Zuko dejaba ayer este mundo por una maldita enfermedad común en los perros labradores, ante el inmenso dolor de sus dueños, al otro lado de Madrid, en Vallecas, agentes de la policía que hacían una redada en distintos barrios de la capital contra peligrosas bandas de dominicanos.
Y tuvieron que disparar (y mataron) a dos canes que se mostraron muy agresivos cuando los agentes fueron a un domicilio donde tenían detectado que residía una de las cinco bandas de origen dominicano desarticuladas este lunes en Madrid. Cinco bandas y al menos una decena de detenidos. Drogas, robos, agresiones…
Según fuentes de la investigación, al entrar en una de las viviendas dos perros de los inquilinos (no ha trascendido la raza) se lanzaron contra los agentes. Desenfundaron las armas y dispararon sobre ellos.
Los perros se mostraron muy agresivos contra los agentes, según los mismos medios, supuestamente azuzados por los criminales.
Zuko, en cambio, era cariñoso y mimoso, de esos perros inseparables que responden a las enseñanzas y al amor recibido de sus dueños, un matrimonio, que está de luto. Seguro que las lágrimas volverán a sus ojos cuando vean aquí reproducida su imagen.
Viéndole sufrir, Zuko se asfixiaba, y rotos de dolor acudieron al veterinario para que no padeciera más… No podían ver de esa manera al compañero de 12 años. Con esa edad se ha ido Zuko.
Si se les da cariño y respeto, los perros son insustituibles. Nunca juguetes rotos, sino una sorpresa inquietante que siempre espera.
Una figura adosada a la puerta; un atributo perenne que nos acompaña con fidelidad probada, sin fisuras. Sombras que esconden secretos. Están, nunca abandonan, no sabrían cómo hacerlo.
Retenidos sin necesidad de excusas, son el farol que alumbra las sendas y sus veredas. Una mirada vuelta que asegura que nadie falta; recodos descubiertos que palpitan plenos al unísono.
Son olas que eternas regresan. Un ahora reconvertido en futuro; una larga despedida que impide la añoranza en un tiempo detenido. El perro es un ser libertario, el reflejo vivo de lo que nos gustaría llegar a ser: un proyecto acabado, el arte que se muestra con orgullo.
En ellos la imperfección no existe. Son el pariente que no se oculta y que está antes que otros. El amigo siempre visible. El amor sin dudas. Lo mejor de cada casa.
Sin ellos el hogar es otra cosa, un lugar que está pero al que nunca se llega. Son el cartero que insiste. Un punto de referencia. La medida exacta de lo necesario.
La nimiedad del éxito y el valor relativo del fracaso; porque el único lugar amigable es, siempre, el que ellos habitan.
Tenía doce años y murió de algo que no es raro en perros labradores. La tráquea se les va cerrando poco a poco hasta que no pueden respirar.
No tiene cura. El perro se asfixia y al final hay que dormirlo. Y eso, llorando, tuvieron que hacer sus dueños en el veterinario.