El doctor Francisco Martínez Pérez, especialista en Neurofisiología Clínica del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid, ha explicado que los supervivientes del accidente ferroviario de Urda (Toledo) pueden experimentar diversas reacciones psicológicas durante los primeros días. Entre ellas figuran el miedo, el llanto, la irritabilidad, los recuerdos intrusivos, las dificultades de concentración y los problemas para dormir. No obstante, ha aclarado que estos síntomas no implican necesariamente que se vaya a desarrollar un trastorno por estrés postraumático.
El experto ha subrayado que es importante solicitar ayuda profesional cuando el malestar sea muy intenso, empeore o interfiera en la vida cotidiana, especialmente si impide dormir, realizar actividades básicas o provoca una fuerte evitación de situaciones relacionadas con el accidente. También ha advertido de la importancia de actuar ante episodios de desconexión, consumo creciente de alcohol o medicamentos para afrontar los síntomas y sentimientos persistentes de desesperanza. En caso de ideas suicidas o riesgo inmediato, la atención debe ser urgente.
Tras una experiencia traumática, el cerebro puede mantener activados los mecanismos de alerta incluso cuando el peligro ya ha desaparecido. Por ello, estímulos como un frenazo, una vibración o un ruido similar al del accidente pueden provocar reacciones involuntarias de miedo y tensión. Aunque muchas personas mejoran progresivamente con descanso, seguridad y apoyo familiar, otras pueden necesitar tratamientos psicológicos específicos, como determinadas modalidades de terapia cognitivo-conductual centradas en el trauma.
Entre las consecuencias más habituales también destacan las alteraciones del sueño, las pesadillas, los temblores, las palpitaciones, la sudoración y la tensión muscular. El especialista ha explicado que el estrés extremo puede provocar recuerdos fragmentados, lagunas de memoria o sensaciones de irrealidad, debido a los cambios en los mecanismos cerebrales que procesan las experiencias traumáticas. Asimismo, ha recordado que algunos síntomas físicos deben ser evaluados médicamente para descartar lesiones u otras causas.
Durante el accidente, el organismo activa automáticamente sus sistemas de supervivencia mediante estructuras cerebrales como la amígdala y la liberación de sustancias como la adrenalina y la noradrenalina. Esta respuesta puede acelerar el corazón, modificar la respiración y aumentar la tensión muscular, e incluso provocar que algunas personas queden inmóviles. Por último, Martínez Pérez ha advertido de que el miedo a volver a viajar en tren debe abordarse adecuadamente, diferenciando el tiempo necesario para recuperarse de una evitación prolongada que pueda consolidarse durante meses.