Investigadores del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona han constatado, tras analizar a 126 niños y adolescentes, que una amplia mayoría de los pacientes con obesidad (el 66,3%) presenta una capacidad funcional reducida para realizar movimientos cotidianos. Estos hallazgos, presentados en el 64º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), alertan de que esta condición conlleva una elevada carga de enfermedad que a menudo pasa desapercibida en las valoraciones clínicas convencionales.
Los estudios destacan que estos menores no solo enfrentan limitaciones físicas, sino que el 67,5% ya padece comorbilidades metabólicas asociadas, como hipertensión, resistencia a la insulina o alteraciones hepáticas. La composición corporal analizada mediante pruebas DEXA refleja un porcentaje alarmante de grasa corporal (cerca del 42%), con un predominio de grasa troncular que eleva significativamente el riesgo cardiovascular en edades muy tempranas.
El informe subraya que el sedentarismo es el principal motor de esta problemática, ya que más de la mitad de los pacientes no realiza ejercicio físico de forma regular. Según la doctora Inmaculada Donat y el doctor Percy Daminani, esta falta de actividad es un factor determinante en el desarrollo y mantenimiento de la patología, que suele presentarse de forma estable en apariencia pero con daños funcionales y metabólicos profundos.
Ante esta situación, la SERMEF ha hecho un llamamiento urgente para combatir el sedentarismo mediante la incorporación de movimiento diario en las rutinas de los menores. Fomentar actividades como caminar, jugar al aire libre o practicar deportes adaptados a sus capacidades resulta fundamental no solo para reducir los riesgos físicos inmediatos, sino para establecer hábitos saludables que permitan frenar el avance de la enfermedad a largo plazo.