Soy un gustador riguroso de los tangos, de su música, de su poesía y de todo lo que en ellos se acerca al delito y al delirio. Especialmente “Malena” me subyuga:
…”Tal vez allá en la infancia su voz de alondra / Tomó ese tono triste de la canción / O acaso aquel romance que sólo nombra / Cuando se pone triste con el alcohol / Malena canta el tango con voz de sombra/ Malena tiene pena de bandoneón”.
En todos, se callan los romances cuando de la sombra vienen, hasta que el alcohol consigue transformar en palabras las verdades secretas. Un dolor traspasado señala su voz de alondra y nos hace regresar, atrevidamente, al largo instante de la infancia… Malena es la historia que necesita del vino para que los demás la comprendan.
Cuando, además, alguien se atreve a mover la palabra al compás de la pierna, se torna bella, deliciosa la tragedia, como un panal de abejas amaestradas. Bailar el tango es una picardía que detienen los brazos, mientras la lágrima se recuesta en los cafetines, sosteniendo la sombra.
pedrouve