La Iglesia católica en Cuba ha tomado una decisión poco habitual, pero cargada de significado. Los obispos cubanos han solicitado al Papa aplazar la visita ‘ad limina’ que tenían prevista realizar en febrero de 2026. El motivo, según han explicado en un comunicado oficial, es el agravamiento de la situación socioeconómica que atraviesa el país y que está generando un clima de profunda inestabilidad e incertidumbre.
La visita ‘ad limina’ es un encuentro periódico en el que los obispos de cada país viajan al Vaticano para reunirse con el Pontífice y presentar un informe sobre la realidad pastoral de sus diócesis. Sin embargo, en esta ocasión, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba considera que las circunstancias internas exigen permanecer en la isla y acompañar de cerca a la población.
En su nota pública, los prelados subrayan que la crisis actual no es solo económica, sino también social y humanitaria. La falta de combustible, el deterioro de servicios básicos y el impacto de nuevas restricciones internacionales han elevado la preocupación dentro y fuera del país. Por eso, han optado por pedir al Papa que el encuentro se celebre en una fecha posterior.
La petición de aplazamiento llega en un contexto especialmente delicado. La escasez de recursos esenciales y el endurecimiento de las condiciones económicas han incrementado el malestar social. Según han advertido los obispos, el riesgo de tensiones internas y episodios de violencia no puede descartarse.
De hecho, en un mensaje reciente ya alertaban sobre la posibilidad de un “caos social” si la situación continúa deteriorándose. La eliminación de suministros clave, como el petróleo, ha disparado las alarmas, especialmente entre los sectores más vulnerables. Para la Iglesia, el momento exige prudencia, diálogo y presencia activa junto a la ciudadanía.
El propio Papa se ha referido a la situación en Cuba en una intervención pública reciente. En ella expresó su preocupación por el aumento de tensiones entre la isla y Estados Unidos, e hizo un llamamiento a promover un diálogo sincero que evite un mayor sufrimiento del pueblo cubano.
A pesar del aplazamiento solicitado, los obispos han querido reafirmar su comunión con el Pontífice y con la Santa Sede. En su comunicado aseguran que continúan orando por el país y renovando su cercanía al Papa. El gesto no implica distanciamiento, sino una respuesta pastoral ante una coyuntura que consideran excepcional.
En definitiva, la decisión refleja la gravedad del momento que vive Cuba. La Iglesia, consciente de su papel social, ha optado por priorizar la acompañamiento local frente a la agenda internacional. Una señal más de que la inestabilidad nacional trasciende lo económico y alcanza también el ámbito institucional y espiritual.