Los agravios tiene límite, como las acampadas, igual que los derechos a todo que hoy se defienden, como si no hubiera responsabilidades ni leyes ni ordenamientos jurídicos. Cuando se quiebran las vallas divisorias se ahondan los abismos y comienzan las desproporciones a promover daños incalculables: en lo físico, el lo moral y en la convivencia de cualquier sociedad. La firme moderación alcanza, antes que la violencia, los objetivos que se pretendan.
Usar los exabruptos, chiflidos y ofensas al presidente cuando sale a la calle, nunca lo creí propio de una civilización democrática y educada. Aunque se lo merezca. La voluntad de los pueblos se detecta en las urnas. Tampoco es de recibo que se usen los poderes para contravenir el derecho ciudadano a circular por las calles y las plazas.
Milei es un grosero cuando ofende a quien nos representa. Mal o bien, pero nos representa. Y el reírle las gracias tampoco favorece al buen estilo de ningún partido… Cuando se paga con la misma moneda del desprecio, no se distinguen las calidades. Falta señorío y sobran cuchillos en la trastienda.
Pedro Villarejo