La Realidad y el Deseo

17 de julio de 2023
1 minuto de lectura
Luis Cernuda. | Fuente: Europa Press
Luis Cernuda. | Fuente: Europa Press

El deseo es un pueblo
sin luz donde siempre llega el pan
Alejandro Simón

Al final, no es bueno que nos pregunten por esa retahíla de desvelos en los que ha sobrevivido la vida. Una extravagancia de labios nos persiguió desde el principio como un tren que persigue estaciones y en ninguna se queda, pero sí la fotografía de haber estado, el humo de la luz en los cristales de cada ventanilla.

Al final, no es bueno que nos pregunten si acertamos o no con los libros leídos: teníamos los libros que teníamos y a los que no nos gustaba la coliflor, como no había otra cosa, también nos salieron escarchas blancas en la boca. Todo o casi todo fue un deseo; a la realidad, sin embargo, le teníamos miedo por si con ella nos hubiera alcanzado antes la tristeza. Y aprendimos a huir en las alas sin destino de la imaginación.

Los libros, las noches en vela, los aprietos del alma, los naufragios de Luis Cernuda se fundieron en un bloque de gasas con este nombre: “La realidad y el deseo”. Y con ellos hemos llorado todos un poco, porque la realidad apuñaló para siempre aquel deseo y el deseo, desmesura intratable, conserva su sangre y sus heridas sin poder moverse más allá del clamor de los pueblos, adonde siempre hay pan por más que la luz se dé menos prisa en llegar.

Luis Cernuda se lamenta:

Todo es triste al volver.
Aún va conmigo como una luz lejana
aquel destino niño,
aquellos dulces ojos juveniles,
aquella antigua herida.

No, no quisiera volver,
sino morir aún más,
arrancar una sombra,
olvidar un olvido.

Yo tampoco quiero volver a sufrir las preguntas de nadie, ni mis preguntas. Detesto dar explicaciones de lo que no puede explicarse, del perfume del llanto, de la salivilla del beso. Un gran signo de interrogación es nuestra silla de ruedas que responde a una escasa velocidad de crucero, que no puede ir más aprisa por estas manos, por esta voluntad alicaída.

¿Quién se atreve a preguntarle a las mañanas con quién estuvo escondida tantas horas? O ¿a qué remiendos de qué casas fueron a parar los escombros de la dicha?… Nuestra realidad puede que esté multiplicada en las columnas de los otros y los deseos –ay, los deseos— siguen con la lengua fuera, atravesando desiertos.

Responder

Your email address will not be published.

No olvides...

La deshumanización latente: cuando el corazón se endurece y la terquedad se apodera de la mente

Hay estados del alma que parecen condenarnos a una espiral descendente de la que es difícil escapar…

El belicismo arrecia en un mundo incierto

Con Donald Trump, Washington parece haber renunciado a su rol de garante del orden internacional liberal para adoptar una postura…

El tribunal decide enjuiciar Kitchen sin más dilación y rechaza escuchar nuevos audios de Villarejo por aparecer Cospedal en ellos

El juicio sigue adelante en la Audiencia Nacional, que confirma su competencia en esta causa…

Sevilla en abril: el corazón de España late bajo los farolillos

"Sevilla es una torre llena de arqueros finos... Sevilla para herir." Federico García Lorca…