La política exterior de Donald Trump vuelve a sacudir el tablero internacional. A pocas horas de ordenar una operación militar en Venezuela que culminó con la captura del exlíder chavista Nicolás Maduro, el presidente estadounidense lanzó una advertencia directa que elevó la tensión regional. México, Colombia y Cuba pasaron a ocupar el centro de su discurso, señalados como posibles próximos focos de intervención.
Las declaraciones, realizadas desde su residencia en Mar-a-Lago, provocaron una oleada de rechazo entre los gobiernos latinoamericanos, que alertan del riesgo que estas amenazas suponen para la estabilidad y la soberanía de la región. Para muchos analistas, el mensaje marca un giro aún más duro en la estrategia de Washington hacia América Latina.
Trump defendió su postura asegurando que su administración ha ido más allá de los principios clásicos de la Doctrina Monroe. Según explicó, Estados Unidos no dudará en desplegar “botas sobre el terreno” para neutralizar lo que considera Estados fallidos o países capturados por el narcotráfico. Su objetivo, afirmó, es mantener una presencia activa y dominante en el hemisferio occidental.
“Durante décadas, otras administraciones ignoraron estas amenazas o incluso las alimentaron”, sostuvo. Bajo su mandato, añadió, el poder estadounidense se reafirma sin complejos. La frase que más inquietud generó llegó poco después: “El dominio de Estados Unidos en América Latina no será cuestionado nunca más”. Un mensaje directo que rompe con los equilibrios diplomáticos tradicionales, según El Observador.
La mención explícita a México y Colombia, dos aliados históricos de Washington, amplió el alcance de la advertencia. En ambos países, las palabras de Trump se interpretaron como una señal de presión política y una posible justificación futura de medidas más agresivas, bajo el argumento de la seguridad regional.
Cuba ocupó un lugar destacado en la comparecencia. Al ser preguntado sobre cómo debía interpretar La Habana la incursión estadounidense en Caracas, Trump fue tajante: “Creo que Cuba es algo de lo que terminaremos hablando”. Llegó a calificarla como una nación fallida, aunque aseguró que su intención es “ayudar al pueblo cubano” y también a quienes se vieron forzados a emigrar.
El secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó el mensaje con una advertencia directa al régimen cubano. “Si viviera en La Habana y formara parte del gobierno, estaría preocupado”, afirmó, en línea con su histórica postura crítica hacia el castrismo.
La respuesta desde la isla fue inmediata. El presidente Miguel Díaz-Canel calificó la operación en Venezuela como “cobarde y criminal”. Participó en movilizaciones contra la intervención y reclamó una reacción urgente de la comunidad internacional. “Nuestra zona de paz está siendo brutalmente asaltada”, denunció.
Con estas declaraciones cruzadas, América Latina vuelve a situarse en un escenario de alta tensión geopolítica, donde las palabras de Trump no solo marcan posición, sino que reavivan viejos temores sobre el uso de la fuerza como herramienta política.