La ciudad de Estrasburgo vivió un día como hoy en 1349 uno de los episodios más oscuros de la Peste Negra: la matanza de San Valentín. Movidos por el miedo a la epidemia y por acusaciones infundadas que señalaban a los judíos como responsables de la enfermedad, grupos de ciudadanos prendieron fuego a decenas de hogares y mataron a aproximadamente 2.000 personas de confesión judía, acusadas de envenenar los pozos y propagar la plaga.
La violencia se desencadenó en medio del pánico colectivo que recorría Europa. La peste había matado a miles, y la sociedad, incapaz de comprender la enfermedad, buscaba culpables. En Estrasburgo, esa búsqueda desembocó en la matanza de San Valentín, un ataque masivo contra la comunidad judía que, además de sufrir asesinatos, vio sus propiedades saqueadas.
Los ataques fueron organizados y violentos. Ceca de 2.000 judíos fueron llevados al cementerio de la ciudad donde fueron quemados vivos. El resto no tuvo juicios ni garantías: fueron convertidos en chivos expiatorios por una epidemia que la ciencia medieval no podía explicar. Según los cronistas, la matanza de San Valentín se prolongó durante horas, dejando un paisaje de destrucción y terror en la ciudad francesa.
Tras la matanza, la comunidad judía de Estrasburgo quedó diezmada y sus bienes fueron confiscados. La ciudad, por su parte, prohibió la entrada a los judíos durante cien años. El episodio reforzó los estereotipos antisemitas en la región y marcó un precedente de violencia colectiva contra minorías en tiempos de crisis sanitaria.
Entre 1348 y 1350, otras persecuciones judías se registraron en Alemania, España, Italia, Países Bajos, Suiza y otras ciudades de Europa central y occidental. La combinación de pánico sanitario, resentimientos económicos y prejuicios religiosos provocó la muerte de miles de inocentes, convirtiendo la Peste Negra en una tragedia no solo médica, sino también social.