Siendo alcalde el señor León de la Riva, tuve el honor de que me entregase el premio de novela Ateneo de Valladolid, que el jurado presidido por el exquisito coronel don Gonzalo Munielo me otorgó por la obra histórica “La luz mentida”. La recepción cultural que allí compartí con los finalistas, el alcalde y la corporación municipal, entre copas y agasajos, fue inolvidable. La categoría moral e intelectual del alcalde vallisoletano dejó huella imborrable en aquel encuentro.
Pero el señor León de la Riva no contaba con la “sensibilidad” de las feministas españolas y se le ocurrió decir que resultaría peligroso para él subirse a solas en el ascensor con una señora o señorita, temiendo ser acusado sin pruebas por un intento de abusos. Le presionaron desasosegadamente para que dimitiera por machista y grosero abordándolo en tertulias inacabables… en fin, un calvario.
Tras él llegó el nuevo alcalde don Oscar Puente, ejemplo de finura donde los haya, de extrema delicadeza y elegancia verbal hasta el extremo de mejorar el diccionario con vocablos genuinos. Oscar Puente es la mejor prueba de que “el pueblo nunca se equivoca”.