Cuando me asomo al oscuro túnel de la vida política gimo, más que por la actualidad que más bien es de llantos, por cuatro guerras en España perdidas:
-El cupo vasco, esa singularidad desproporcionada es el pretendido cloroformo de una rebeldía que no cesa en su propia codicia. Los hijos que reclaman lo que no les pertenece, acabarán en la ruina.
-La elección de jueces y fiscales, tal y como se hace, es una temeridad que sobrecoge. Muchos argumentan que las sensibilidades ideológicas personales no afectan al resultado de los enjuiciamientos. Pero ellos saben que es mentira. Si hay cuatro de un lado y tres de otro, las aspas del molino triturarán el trigo de la mayoría. Los jueces y fiscales deben ser elegidos por ellos mismos, desde meritajes objetivamente comprobados.
-La inclusión en las Cortes de grupos que no condenan el terrorismo y otros, resueltamente independentistas, que son como quien permite afilar navajas en la fiesta de los Santos Inocentes.
-La cuarta soy yo mismo, pero esa guerra puede que tenga remedio.
Pedro Villarejo