El viaje espacial sin regreso de Laika

31 de julio de 2022
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Imagen de Laika durante el Programa espacial soviético. I Fuente: archivos rusos

Una perra callejera soviética de nombre Laika se convirtió en 1957 en el primer ser vivo en viajar al espacio para enviarla a una muerte segura, pues entendían que los perros callejeros habían aprendido a soportar el frío y el hambre extremos.

El animal, cuyo nombre real era Kudryavka, nació en 1954 fruto de un cruce de razas husky y spitz y deambuló por las calles de Moscú durante 3 años antes de ser rescatada por las autoridades rusas. Al poco tiempo, fue elegida para formar parte de la misión espacial Sputnik 2.

Esta misión tenía como propósito analizar la seguridad y la supervivencia de los seres humanos en futuras misiones espaciales. Por aquel entonces, el viaje de Laika fue considerado como uno de los mayores triunfos soviéticos en cuanto a la carrera espacial se refiere.

Laika pesaba alrededor de 6 kg, un requisito perfecto para la misión. Una vez introducida dentro de la cápsula acolchada, Laika fue sujeta con un arnés y podía permanecer de pie o acostada. La perra recibía oxígeno gracias a un sistema regenerador de aire; la comida y el agua se encontraban en forma de gelatina y los excrementos se recogían en una bolsa. Todo ello mientras el animal estaba siendo monitorizado, a través de unos electrodos que recogían información sobre sus señales vitales.

El 3 de noviembre de 1957, Laika emprendía un viaje espacial de ida sin retorno. Al poco tiempo del despegue, los científicos rusos recibieron un informe telemétrico que indicaba que la perra estaba muy agitada -su ritmo respiratorio aumentó de tres a cuatro veces lo normal, y su frecuencia cardiaca pasó de 103 a 240 latidos por minuto-. La imposibilidad de retornarla a la Tierra contempló la idea de sacrificarla, proporcionándole comida envenenada, tras permanecer 10 días en órbita.

Las causas en torno a la muerte del animal han generado mucha controversia a lo largo de los años.

En octubre de 2002, Dimitri Malashenkov, científico que participó en el lanzamiento del Sputnik 2, reveló que Laika murió seis horas después del despegue debido al sobrecalentamiento de la cabina y al estrés, el cual originó una serie de problemas respiratorios que derivaron en una parada cardíaca. Sin embargo, fuentes del gobierno ruso alegaron que la perra murió al sexto día, sin sufrimiento, tras ser sometida a eutanasia antes de que se quedara sin oxígeno. Algo completamente falso.

Lo realmente cierto es que el Sputnik 2 no fue diseñado para regresar a la Tierra, por lo que desde un primer momento el Programa espacial de la Unión Soviética tuvo la intención de que Laika muriese en el viaje al espacio.

La nave con los restos de Laika, orbitó la Tierra 2.570 veces durante 163 días, hasta que finalmente se desintegró el 14 de abril de 1958.

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