El Papa pide «perdón» y expresa su «vergüenza» por los pecados de la Iglesia

2 de octubre de 2024
3 minutos de lectura
Papa Francisco. | Fuente: Zuma Press.

Siete cardenales toman la palabra para excusarse por los errores cometidos

El Papa ha pedido «perdón» y ha manifestado su «vergüenza» por los pecados de la Iglesia, en la víspera del inicio del Sínodo. Durante la vigilia penitencial celebrada en la basílica de San Pedro, siete cardenales han tomado la palabra para reconocer los errores cometidos, como el encubrimiento de abusos sexuales y la falta de defensa de la dignidad de las mujeres.

«Pedimos perdón por todos nuestros pecados. Pedimos perdón, sintiendo vergüenza, a aquellos que han sido heridos por nuestros pecados», ha asegurado Francisco en la vigilia penitencial que ha presidido antes de la cita en el Vaticano para abordar el futuro de la Iglesia.

En la ceremonia solemne en la basílica de San Pedro, uno a uno, un total de siete cardenales, han pedido perdón por las distintas faltas cometidas por el clero. Por ejemplo, el arzobispo de Bombay, cardenal Oswald Gracias, se ha disculpado por su falta de coraje en la búsqueda de la paz; el Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Michael Czerny, por convertir la creación en un desierto; el arzobispo Emérito de Boston y Presidente de la Comisión para la Protección de Menores, Seán Patrick O’Malley, por los abusos de conciencia, de poder, sexuales y por su encubrimiento en la iglesia; el Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, Kevin Joseph Farrell, por no defender la dignidad de la mujer; el Arzobispo de Rabat, el español Cristóbal López Romero, por apartar la mirada de los pobres y embellecer los altares quitando el pan a los hambrientos; el Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, por no proponer el Evangelio y, al contrario, dar justificación doctrinal a tratos inhumanos; y el arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, por poner obstáculos a la construcción de una Iglesia verdaderamente sinodal y convertir la autoridad en poder.

Las heridas de la Iglesia

Un día antes de la apertura de la segunda fase del Sínodo Universal, que tendrá lugar del 2 al 27 de octubre, el Papa ha puesto sobre la mesa las heridas de la Iglesia y ha explicado que fue él mismo quien escribió las peticiones de perdón leídas por los cardenales porque «era necesario llamar por su nombre a nuestros principales pecados». Así, ha afirmado que la curación de la herida eclesiástica sólo puede comenzar «confesando el pecado cometido».

«Nosotros hoy tenemos los ojos bajos y nos avergonzamos de nuestros pecados. No podríamos invocar el nombre de Dios sin pedir perdón a nuestros hermanos y hermanas, a la Tierra y a todas las criaturas. ¿Y cómo podríamos ser una Iglesia sinodal sin reconciliación? ¿Cómo podríamos pretender caminar juntos sin recibir y dar el perdón que restablece la comunión en Cristo?», se ha preguntado.

Así ha recordado que, «ante el mal y el sufrimiento inocente», la iglesia se pregunta: «¿Dónde estás Señor?». Pero ha asegurado que la pregunta debe dirigirse a los líderes de eclesiásticos para preguntarse «sobre la responsabilidad» que tienen cuando no se logra «detener el mal con el bien». «No podemos pretender resolver los conflictos alimentando el odio o redimirnos causando dolor, salvarnos con la muerte del otro», ha añadido.

La importancia de la confesión

Francisco ha explicado que la confesión es «una oportunidad para restablecer la confianza en la Iglesia y en ella, una confianza rota por nuestros errores y pecados, y para comenzar a curar las heridas que nunca dejan de sangrar». El Papa también se ha referido a los jóvenes que miden a los clérigos para ver si han sido «testigos creíbles».

Finalmente, tras breve pausa de silencio, ha pronunciado la siguiente oración: «Oh Padre, estamos aquí reunidos conscientes de que necesitamos tu mirada de amor. Nuestras manos están vacías, sólo podemos recibir cuanto tú puedas darnos. Te pedimos perdón por todos nuestros pecados, ayúdanos a restaurar tu rostro que hemos desfigurado por nuestra infidelidad. Pedimos perdón, sintiendo vergüenza, a quienes han sido heridos por nuestros pecados. Danos el valor del arrepentimiento sincero para una auténtica conversión. Te lo pedimos invocando al Espíritu Santo para que llene con su Gracia los corazones que has creado, en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén».

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