Por JOSÉ VALENZUELA ÁVILA
Entra en escena el Mendigo del Voto y, justo detrás de él, una figura con toga jurídica sosteniendo una goma de borrar gigante y un bote de lejía legal.
¡Que rujan las calles, que clame la armada,
que llore el patriota su vieja nación!
A mí no me importa la España humillada
si salvo mi escaño, y conservo el sillón.
Al prófugo huido le entrego las llaves,
y al malvado etarra le limpio el blasón,
firmando amnistías con plumas suaves,
¡vendiendo a mi patria por mi gran sillón!
Mío es el reino, mío es el mando,
todos se agachan si paso yo;
más ruego y mendigo de bando en bando
si el voto falta, por amor de Dios.
Si el pacto es oscuro, si quiebra la norma,
si viola las leyes de la libertad…
¡Allí tengo a Cándido: la Ley transforma
y firma sentencias sin la realidad!
Su toga bendice lo que antes prohibía,
borrando el agravio con mano triunfal,
¡lo que era delito se vuelve armonía
haciendo la alquimia Constitucional!
El Mendigo da un paso al frente y le guiña el ojo al figurón de la toga, El Pompi, y saluda al público con una sonrisa impasible, y dice:
“¡Ay, amigos, es que ustedes se ahogan en un vaso de agua! Que si la Constitución dice esto, que si el Estado de Derecho dice lo otro… ¡Menos mal que en las altas esferas tenemos a Cándido! Un hombre comprensivo, de mirada oblicua y manga ancha, que sabe perfectamente que la Carta Magna no es de piedra, sino de chicle de tutti fruti.”
“¿Que pacto con los separatistas un indulto que la ley prohibía? Llamada a Cándido. ¿Que amnistiamos a los que montaron el lío con el dinero de todos? Papelito para Cándido. Él y sus muchachos, con una paciencia de santos y una técnica jurídica que ya quisiera el mago Merlín, le dan la vuelta al texto, le cambian tres comas, invocan el «espíritu de la convivencia» y ¡tachán! Lo que ayer era un golpe a la democracia, hoy es constitucional, progresista y obligatorio para todos los españoles.”
“Así da gusto gobernar. Yo mendigo el voto en el barro del Congreso, y mi Pompi particular me lo lava en el Tribunal para que quede reluciente de legalidad. ¡Un tándem perfecto!”
CORO
(Entra el coro de socios de investidura aplaudiendo a ritmo de pasodoble mientras Cándido sella los pactos con tinta de oro).
¡Pedid, camaradas, que el jefe os lo da!
¡Pedid el dinero, la ley, la ciudad!
Que el Mendigo del Voto pasa gorrilla…
¡Y Cándido firma con facilidad!
EL GRAN CORO DE SOCIOS Y MAGISTRADOS
¡Que se rompa la España sagrada!
¡Que se entregue el tesoro y el fuero!
¡Que la ley vale menos que nada,
si el Mendigo conserva el letrero!
Siete votos costaba la gloria,
siete votos de amnesia y perdón,
¡y ya limpia la sucia memoria
el ujier de la Constitución!
EL MONÓLOGO POÉTICO DE «POMPI»
¡Traedme los textos sagrados,
traed la sentencia más dura!
Que mis jueces, del jefe pagados,
le cambian el brillo y la hechura.
¿Qué es un golpe? ¿Qué es alta traición?
Son conceptos de tiempos de antaño…
¡Ahora se firma la absolución
por salvar el pesebre y el escaño!
Miro el folio que el prófugo ha escrito,
le reescribo la rima y el son,
¡lo que el Código llama delito,
yo lo llamo reconciliación!
EL MENDIGO Y SU CÁNDIDO ABRAZADOS
—¡Oh, mi Cándido fiel, mi baluarte,
que me salvas el vuelo oficial!
—¡Oh, mi jefe, que sabes el arte
de estirar el derecho penal!
Los dos:
¡Que proteste la calle encendida,
que los jueces del rango inferior
se dejen la toga y la vida…
¡Que hoy mandamos nosotros dos!
Coro General:
¡Al abordaje del viejo Estado!
¡Pedid, camaradas, sin fin!
Que el Mendigo ya tiene avalado
su trono, su coche y jardín.
Si la ley se atraviesa o se traba,
¡aquí está el Pompi con su borrador!
¡Y así este poema se acaba…
con España rabiando de horror!
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José Valenzuela Ávila