El Gobierno vasco ha concedido el tercer grado penitenciario a Henri Unai Parot Navarro. La medida le permitirá, en las próximas semanas, dejar de regresar a la cárcel de Zubieta, en Gipuzkoa.
Parot es autor de 39 asesinatos y no ha colaborado con la Justicia para esclarecer los 379 crímenes de ETA que siguen sin resolver. Pese a ello, el Ejecutivo vasco facilita su regreso, tal y como reclaman sectores de la izquierda abertzale.
Cometió su primer asesinato con apenas 20 años, el 2 de noviembre de 1978. Su carrera criminal terminó el 2 de abril de 1990, cuando la Guardia Civil lo detuvo mientras conducía una furgoneta con 300 kilos de explosivos. ETA planeaba detonarlos en Sevilla.
La presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo, Consuelo Ordóñez, reaccionó al anunciarse el último gesto del Gobierno vasco hacia los presos etarras: «Henri Parot no ha mostrado públicamente un arrepentimiento sincero por sus crímenes ni ha realizado una ruptura clara, inequívoca y verificable con ETA y con el entorno político y social que justificó y legitimó sus asesinatos».
El tercer grado le permite, de entrada, salir a diario de prisión sin volver los fines de semana. Fuentes penitenciarias dan por hecho que en pocas semanas se le autorizará a residir en su domicilio. Allí cumplirá los cinco años de condena que le restan.
Henri Parot ya se había beneficiado en julio de 2025 del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Esa norma permite salidas diarias de la cárcel para participar en programas de reinserción que, en teoría, no pueden desarrollarse entre rejas.
La concesión de la semilibertad a Parot está pendiente de que la Fiscalía de la Audiencia Nacional no la recurra. Llega solo siete días después de otra decisión similar. La consejera vasca de Justicia, María Jesús San José, había facilitado entonces la salida diaria de María Soledad Iparagirre, conocida como ‘Anboto’.
Aquella decisión sobre ‘Anboto’ llegó cinco meses después de un revés judicial. El juez de Vigilancia Penitenciaria José Luis de Castro había anulado la aplicación del mismo artículo en su caso. El motivo entonces fue el incumplimiento de los requisitos legales exigidos.
Ordóñez recordó que Henri Parot, alias ‘Unai’, participó en algunos de los atentados más crueles de ETA. Entre ellos, el coche bomba contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en 1987. Mató a 11 personas, cinco de ellas niños, y dejó 88 heridos. Sus crímenes, sin embargo, habían empezado una década antes.
Hijo de emigrantes franceses instalados en Argelia, Parot y su hermano Jean entablaron amistad, siendo adolescentes, con militantes de ETA refugiados en Baiona. A esa localidad había regresado la familia tras dejar África. Según los relatos disponibles, Domingo Iturbe Abasolo lo captó para la organización terrorista.
Su primer atentado mortal ocurrió en Irún, muy cerca de la frontera francesa. En noviembre de 1978, junto a otros dos etarras, acorraló al empresario constructor José Luis Legasa Ubiría, que viajaba en coche con su hermano Miguel. Tras dispararle, uno de los terroristas lo remató en el suelo. ETA lo asesinó porque Legasa había denunciado ante las autoridades francesas la extorsión del llamado «impuesto revolucionario».
Entre 1978 y 1990, Parot integró el comando Argala, bautizado así en memoria del dirigente etarra José Miguel Berañan. Sus miembros eran ciudadanos franceses que entraban y salían de España con pasaporte galo.
Ese comando itinerante, sin contacto con otros terroristas, recibía órdenes directas de la cúpula de ETA. Lo formaban, además de Parot, su hermano Jean Jacques Esnal, Jean-Vicent García, Frédéric Haramboure, Philippe Saez, Jean-Pierre Erremundeguy y José Arrieta Zubimendi.
Desde el año pasado, Parot disfrutaba ya de un régimen de semilibertad gracias al artículo 100.2, concedido por el Gobierno vasco. Ese régimen le permitía salir de la cárcel de lunes a viernes para realizar tareas de voluntariado. Tenía, eso sí, la obligación de dormir en prisión, según fuentes de la consejería de Justicia.
También disfrutó, el año pasado, de un permiso penitenciario de seis días, avalado por el juez de vigilancia de la Audiencia Nacional. El magistrado tuvo en cuenta una carta que el preso dirigió a la Junta de Tratamiento. En ella rechazaba «todas las violencias» y afirmaba, a sus 67 años y tras 35 encarcelado, que consideraba necesario reparar el daño causado.
Esa carta, fechada y recogida en el auto judicial del 19 de junio de 2025, decía así: «Creo que es necesario reconocer el sufrimiento ocasionado por mi antigua pertenencia a ETA y tratar, en la medida de lo posible, de repararlo». El auto avalaba la decisión que la Junta de Tratamiento de la prisión donostiarra había adoptado por unanimidad en marzo, según Efe.
El juez destacó entonces que el penado había cumplido tres cuartas partes de la condena. Mostraba una evolución favorable, sin sanciones, y participaba en actividades programadas. Había disfrutado antes de dos permisos de dos días sin incidentes, y el magistrado valoró que el riesgo de fuga era muy bajo.
Su detención supuso entonces un golpe relevante contra ETA, ya que Parot dirigía los comandos itinerantes del grupo Argala. Habían actuado durante 12 años, cometiendo una veintena de atentados con casi 40 muertos y más de 200 heridos.
En 2006, Parot dio nombre a la conocida como doctrina Parot. El Tribunal Supremo dictaminó entonces que las reducciones de condena debían calcularse sobre el cómputo total de las penas impuestas a cada terrorista. No debían calcularse, como hasta entonces, sobre el límite máximo legal de cumplimiento.
Parot había acumulado más de 4.800 años de condena por sus casi 39 crímenes. Su compañera en ETA, Inés del Río, condenada a 3.000 años de cárcel, recurrió esa doctrina ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Ese tribunal anuló la doctrina en octubre de 2013. La anulación benefició a otros 63 etarras, que vieron adelantada su salida de prisión. Parot, por su parte, ha cumplido en la práctica 1,5 años de cárcel por cada asesinato. Desde julio de 2025, de hecho, solo dormía en prisión. En breve dejará también de acudir al módulo de régimen abierto del centro penitenciario de Zubieta.