El ejemplo mundial de la alta velocidad española desciende al infierno: 114 muertos en 9 meses y un ministro que sigue aferrado al sillón desde Adamuz

28 de octubre de 2026
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Sánchez y Puente
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, trabajan en la zona afectada por el accidente ferroviario de Adamuz. | EP

Hubo un tiempo en que el AVE era un paradigma en todo el planeta y funcionaba como un reloj suizo. Ni vibraba. Incluso devolvía el dinero si se demoraba, pero empezó a haber tantos fallos que lo suprimieron. Esa excelencia se ha tornado en muerte con la gestión socialista de Sánchez y sus íntimos, el recluso Ábalos, y ahora Puente, candidato al Congreso por Valladolid

Hay frases que retratan a un ministro. Ayer, ante la pregunta de si iba a dimitir, con decenas de cadáveres aún en las vías de Urda, Óscar Puente respondió: «Ahora no estoy pensando en mí». El problema es que hace nueve meses, con Adamuz, dijo algo muy parecido, y desde entonces ningún responsable político del ferrocarril español ha asumido nada.

Dos tragedias, una misma línea

El balance de Urda (provincia de Toledo) es devastador. Emiliano García-Page, presidente de Castilla la Mancha, actualizó el balance oficial a 68 fallecidos, con 15 heridos en estado muy grave. La cifra puede aun variar para mal. Los equipos de rescate todavía no han podido acceder al fondo de varios vagones. La ministra de Sanidad cifra en casi 80 los heridos trasladados a hospitales de Toledo, Albacete, Ciudad Real y Alcázar de San Juan.

A esos 68 fallecidos hay que sumar los de Adamuz (Córdoba) de hace nueve meses. El 18 de enero, en esa misma línea Madrid-Sevilla, un descarrilamiento seguido de colisión dejó 46 muertos y 292 heridos. La causa fue una rotura de 40 centímetros en un carril. Por tanto, al menos 114 personas han muerto en nueve meses en el principal corredor de alta velocidad del país.

El ministro que nunca encuentra su culpa

Tras Adamuz, el ministro Puente calificó el accidente de «tremendamente extraño», «inexplicable» y presumió de que la vía estaba renovada. Días después, Adif admitía que el tren descarriló la la rotura de un raíl del año 1992.

Cuando PP, UPN, Vox y Junts exigieron en el Senado a Puente que se marchara, el ministro respondió desafiante: «Yo sí he hecho mi trabajo». Y se apegó al sillón, con la aquiescencia de su jefe Sánchez. Son íntimos.

Pedro Sánchez, lejos de cesarlo, dejó abierta su salida solo si la investigación determinaba que había influido en el accidente «por acción u omisión». Mientras tanto, lo sostuvo como cortafuegos frente a las críticas. Y se olvidaron de todo.

Hay que tener en cuenta la gran amistad que les une. La hermana de Puente es la que ha intentado hacer el pucherazo con la ley de nietos. Y se ha metido en un lío porque un juez la está investigando.

Quizás Puente sepa mucho de Sánchez y Sánchez de Puente, porque los cierto es que lo mantuvo después de Adamuz, donde la rotura de la vía se debía a déficit de inversiones. Ábalos estuvo más entretenido con sus putas, colocándolas en Adif sin que fueran a trabajar, que en arreglar las vías españolas, pese a las quejas de los maquinistas. Y Puente no puso remedio al caos.

En Urda, el guion se repite. Puente, sin que se le pasara ayer por la cabeza dimitir, señaló como culpable al centro de control de Adif, un organismo público que depende de su propio ministerio.

En rueda de prensa calificó de «verdaderamente inverosímil» que se autorizara al AVE a reanudar la marcha pese a que el sistema indicaba que el tramo estaba ocupado. Según su propia reconstrucción, el AVE alcanzó supuestamente los 200 kilómetros por hora antes de chocar contra el Iryo a las 8.53. Pero ni siquiera la izquierda le compra el relato.

Adelante Andalucía le ha exigido que se marche ya, con un argumento difícil de rebatir: «La culpa no puede recaer exclusivamente en un trabajador». Tiene, como mínimo, responsabilidad política. Igual que Sánchez.

Unas vías que piden auxilio

Feijóo ha evitado de momento hoy pedir dimisiones. «No voy a entrar en las responsabilidades políticas, no es el día», dijo ayer. Pero sí planteó las preguntas que el Gobierno lleva meses sin contestar: en qué estado están las vías y los sistemas de seguridad, qué advertencias se recibieron desde Adamuz y qué medidas se adoptaron entonces. También reclamó una «revisión completa e independiente de todas las vías ferroviarias», lo que calificó de inaplazable.

Las advertencias existían. Antes de Adamuz, Adif había avisado desde 2025 de al menos ocho incidencias técnicas en ese mismo tramo, sobre todo de señalización. Antes de Urda, una respuesta del Gobierno al Senado reconocía que Renfe registró en el último año tres partes de riesgos de seguridad en la circulación en la línea Madrid-Sevilla.

Y esta misma mañana, antes del choque, seis trenes tuvieron que detenerse en la zona por una avería en la señalización. La causa del accidente de Urda es humana pero precedida de un fallo técnico.

El deterioro de las vías no se limita a Andalucía. Dos días después de Adamuz, el descarrilamiento de Gelida obligó a suspender toda la circulación de Rodalies en Cataluña. Es un sistema que funciona a base de parches, con un ministro más presente en las redes sociales que en las inspecciones.

Tarde, muy tarde

Ni Adamuz ni Urda han servido para que nadie en el Gobierno asuma responsabilidades. Sánchez ha vuelto a anunciar desde el lugar del accidente tres días de luto oficial, el mismo gesto de enero.

Puente y Sánchez, como en Adamuz, se están haciendo los locos y siguen en sus despachos. La dimisión que debió llegar hace nueve meses sigue sin producirse, ahora con 68 nuevos muertos sobre la mesa.

Mientras tanto, el ministro está en campaña.

Puente confirmó que será el cabeza de lista del PSOE por Valladolid en las elecciones generales del 29 de noviembre, con la ministra Ana Redondo como número dos.

Tras meses en las quinielas para encabezar la lista por Alicante, ha preferido su feudo vallisoletano. Dentro de un mes pedirá el voto a los ciudadanos, aunque antes debería explicarles por qué sigue siendo ministro. Y Sánchez, por qué lo mantiene. Al menos hasta ayer.

Les da igual que la alta velocidad española, otrora ejemplo mundial de modernización de España en temas ferroviarios y el medio de transporte más seguro, se haya convertido con el Gobierno de Sánchez en una olla de terror.

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