David

25 de agosto de 2023
1 minuto de lectura
Rotundo, en la plaza florentina de la Señoría, el David de Miguel Ángel se crece aún más en la limitación del que mira con asombro.
El David de Miguel Ángel. | Flickr

Rotundo, en la plaza florentina de la Señoría, el David de Miguel Ángel se crece aún más en la limitación del que mira con asombro. La pieza original se resguarda de los fríos en La Academia, se deja tocar y permite el agobio de los que buscan la mejor esquina para verlo porque sabe que no tiene paralelismo su hermosura. Fotos y más fotos con él, inútilmente.

Después de la fascinación por admirarlo, se sale de Florencia como un pavo real con las plumas mojadas, sobreviviendo a la quemadura de las comparaciones. Ante la obra del escultor más completo, todos somos una debilidad que peregrina, una envidia que navega por el río con puntas de diamante en la mano de la pobreza.

Mirando la obra de Buonarroti, es más fácil ajustar en nosotros la humildad de saber que, siendo uno pequeño y apuntando al sitio preciso, se puede vencer a Goliat sin otras artimañas.

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