Pinedo (Valencia) amanecía tranquila aquel 20 de abril de 1990.
El mar apenas se movía y la playa parecía más ancha de lo habitual.
Chuing Shiu-Twing tenía catorce años. Era de nacionalidad china y vivía en la pedanía de Valencia con su familia. Su padre trabajaba en la hostelería. Llevaban una vida humilde, discreta.
Aquella tarde, padre e hija caminaban juntos por la playa.
Avanzaban despacio, siguiendo la línea de la arena fina y dorada.
De pronto, el hombre empezó a sentirse cansado y decidió coger un autobús para regresar a casa.
Chuing prefirió seguir el camino a pie, sintiendo la brisa del Mediterráneo y la arena tibia bajo sus pies.
Nunca imagino que aquella caminata sería la última.
Fue la última vez que su padre la vio. Un coche BMW, robado días antes, circulaba por la zona. Dentro viajaban cuatro jóvenes.
La vieron caminando sola.
El coche se paró.
La secuestraron.
Nadie escuchó nada.
Nadie vio nada.
Se la llevaron hasta un descampado a las afueras de Pinedo, un lugar apartado donde el silencio era absoluto.
Allí la sometieron a una violencia que ninguna niña debería conocer nunca.
Golpes. Amenazas. Violaciones. Una tras otra.
La apuñalaron varias veces en el cuello.
Los gritos se perdieron entre la maleza y la soledad del lugar.
Hasta que la vida de Chuing se apagó.
Lejos de la carretera. Lejos de las casas. Todo terminó en ese descampado.
La noticia sacudió Pinedo y toda Valencia.
La Guardia Civil inició la investigación de inmediato.
Días después, llegó la primera detención.
Uno de los jóvenes implicados fue arrestado. Sus declaraciones llevaron a otro sospechoso.
Eran menores. Chicos de quince años.
Entonces surgió un dato aún más perturbador.
Semanas antes, habían sido detenidos por otra violación en Alboraya, Valencia.
Como no alcanzaban la edad penal, fueron recluidos en un centro de menores.
Escaparon poco tiempo después.
Chuing ya no estaba.
Su risa, sus pasos, su vida, se habían desvanecido en un descampado.
Catorce años.
Un coche robado.
Y una playa tranquila de Pinedo que quedó marcada para siempre por aquel horror. Aún hoy, muchos siguen haciéndose la misma pregunta: qué habría pasado si aquellos chicos no hubieran vuelto a la calle.