En 1984 se firmó el Tratado de Paz y de Amistad entre Chile y Argentina resolviendo así un conflicto intenso y peligroso por las pretensiones de ambos países sobre el Canal de Beagle. Años antes, frente a una guerra que parecía inminente e inevitable, los creyentes se unieron en oración para pedirle a la Virgen del Carmen, en el fraterno compromiso, la victoria. El problema surgió cuando uno de los obispos chilenos, conociendo que la Virgen del Carmen era también patrona de Argentina, medió para que no pusieran a la Virgen en el apuro de favorecer a unos u a otros, que en verdad eran los mismos.
Por aquellas tierras se argumentó siempre que los argentinos, al ser hijos de una patria rica, con todas las abundancias a disposición del menor esfuerzo, resultaban más flácidos a la hora de cualquier beligerancia o determinación. En cambio los chilenos, en la estrechura de su tierra, no les quedó más remedio que ser más luchadores en busca de progreso… Unos y otros ahora se sienten hermanos, incluso en la elección política, y estoy seguro que la Virgen del Carmen, a punto de pedirle que decidiera aquel entredicho de la disputa, abrazará a los mismos hijos queridos de los dos pueblos.
Pedro Villarejo