Año: Verano 2026
Técnica: Ensamblaje de objetos encontrados (assemblage) · poema-objeto
Materiales: Almohadón de viaje intervenido, imagen del Gauchito Gil con cruz, lata de cerveza Alhambra Especial, botella de vino, estatuilla del Premio Carlos, borde de pileta.
Emplazamiento: Villa Carlos Paz, Córdoba, Argentina, en homenaje al escritor y periodista Pedro Jorge Solans.
Corriente: Poema-objeto de ensamblaje, de raíz votiva popular y espíritu pop-surrealista.
Sobre el filo de una corriente de agua serrana, a plena luz del mediodía andaluz, el poeta José María «Chema» Cotarelo Asturias monta un altar doméstico. El almohadón turístico de Villa Carlos Paz —objeto de souvenir, kitsch y afecto— se curva en arco de herradura y se vuelve, de golpe, portada de mezquita: la forma emblemática de la arquitectura nazarí levantada, en tela blanda, a la orilla del agua del río Genil.
Bajo esa bóveda quedan cobijadas las ofrendas. Una lata de cerveza Alhambra que trae, en su zócalo, el mosaico geométrico de la Granada musulmana. Un vino de origen argentino. ¿O no, no se sabe? Que hace de sangre y de brindis. Y, custodiando la entrada, el Gauchito Gil con su cruz roja, santo pagano de las rutas argentinas. A la derecha, erguido y cromado, el Premio Carlos —máxima distinción del verano teatral y artístico carlospacense— oficia de tótem y de testigo.
La obra congela el instante en que ese Carlos fue entregado sobre un pequeño escenario de Granada, la misma tarde en que la tierra andaluza tembló en grado cinco. El arco, entonces, no es solo decorativo: es plegaria. Todo el conjunto propone un sincretismo entre el santoral gaucho y el legado árabe-andaluz, entre el souvenir y lo sagrado, entre la fiesta y el sismo. Un mapa afectivo de la doble pertenencia del poeta, plantado a la orilla del agua como quien deja una ofrenda para que la falla se calme.
La pieza no es un cuadro ni una escultura tradicional, sino un ensamblaje (assemblage) de objetos encontrados. Por el uso de objetos cotidianos y de consumo elevados a arte, dialoga con el ready-made duchampiano y con el Nouveau Réalisme de Arman y Daniel Spoerri, cuyos «cuadros-trampa» —mesas servidas fijadas y colgadas— son casi un espejo de esta sobremesa junto al agua. Por la lata, el almohadón y la estética de souvenir, respira Pop Art y una reivindicación deliberada del kitsch. Por el Gauchito Gil, la cruz y la disposición de altar, pertenece a la tradición del arte votivo popular latinoamericano. Y por la reunión insólita de elementos que no deberían convivir, hay un aire surrealista de encuentro fortuito.
Si hubiera que darle una sola etiqueta —la más justa para una obra hecha por un poeta— sería la de poema-objeto, la corriente que en el mundo hispano encarnó como nadie Joan Brossa, donde el poeta deja la palabra escrita y «escribe» con cosas. En esa clave, Arco de herradura para un temblor es un poema-objeto de ensamblaje, de raíz votiva popular y espíritu pop-surrealista, tendido como un puente entre la Granada nazarí y las sierras de Córdoba.