La Arteriografía

5 de diciembre de 2022
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Un técnico de Radiología intervencionista realizando un artegriografía a un paciente. | Fuente: SERI

Son las dos de la mañana. No puedo dormir. Si ya me resulta difícil en casa, estar internado en un hospital, lo hace inviable. He ingresado a las ocho de la tarde para practicarme una arteriografía. Será mañana. Conozco esa intervención. Sé que no hay problema, o no tiene porque haberlo, pero ese cosquilleo en las tripas… no sé, no me deja tranquilo. 

La intervención consiste en introducir un catéter por la arteria femoral, continuar por la aorta y llegar hasta la hepática. Allí, localizar una estenosis y soltar un muelle o ensanchar la arteria inflando un diminuto globo durante unos segundos. Es lo mas parecido a colocar un muelle —Stent— pero en lugar de en el corazón, lo cual me tranquiliza bastante, en la arteria hepática. Supongo que será más fácil y menos complicado. 

La puerta de la habitación está de par en par. Hace calor. El pasillo de la planta debería estar a oscuras, pero lo ilumina una luz indirecta que proviene de otra habitación que presumo vacía. 

Para ser de noche, veo, percibo, siento y escucho demasiada algarabía. Se escucha alguna televisión puesta. Gente murmurando. No sé… es una noche rara. Una señora tose sin parar. Mi compañero de habitación tiene visita. Sí, los dos dormidos. Ha ingresado también hoy y su hija se quedará toda la noche. Está de visita pero también tose.

Me da la impresión de que en esta planta hay un acompañante por cada paciente. Digo esto porque cuando he llegado había muchos acompañantes y familiares, y yo no he visto salir a nadie. 

Me han internado en la planta de Oncología. Vaya yuyu. También he visto a un cura en la planta; más yuyu. No sé dónde iría el buen hombre pero, te da un no sé qué, que pa’ qué.

Son las dos y media de la madrugada. No sé cómo estará el tiempo pero yo estoy encima de las sábanas y de la colcha. O sea que tampoco me preocupa el tiempo en la calle. 

Esta habitación debe de tener la luz encendida toda la noche. Ah coño… no, no… acabo de verlo. Es… una luz en el pasillo para que no se quede a oscuras y las enfermeras puedan ver, imagino claro. 

Anda, leche… se me olvidaba que aquí hay pacientes un tanto especiales, desconozco si terminales o no, pero los acompañamientos por la noche deben ser habituales en plantas como esta: Oncología.

A veces me pregunto qué tendrá la noche. Es el lugar perfecto para recogerse uno mismo con sus pensamientos. La cómplice de tus añoranzas. El refugio de tus penas. La libertad de tus lágrimas. Nunca había pasado una noche como esta en un lugar como este. Donde la muerte llama a la puerta sin avisar. Entra y te lleva sin más.

Dicen que los viejos no duermen por eso. No quieren dormir por si mañana no vuelven a despertar. 

Son las tres de la mañana. Debería intentar dormir. Lo cierto es que escribir me ha sentado bien. Parece que estoy algo más tranquilo. Sé que lo de mañana no es nada pero, qué coño, me van a meter un cable por las venas. No es precisamente irte a un concierto de Springsteen, y jode, ¡¡¡ claro que jode !!!

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