Ha demostrado el gobierno ser un simulador de éxtasis digno de la mejor teatralidad conocida. Los días de la invasión sobre Ceuta, desde el presidente hasta los ministros más emblemáticos sufrieron un arrobamiento inesperado echándole la culpa de todo al daño de las mafiasescondidas. Como si se tratase de un coro ensayado en comunión agradecieron a Marruecos su ayuda, su cordura, su amistad, su abrazo de vecinos, su beso más que de hermanos. Y los españoles, sin dedo ya de tanto chuparlo, nos sentimos agradecidos ante tamaña cooperación.
Casi tres meses después, sagaces periodistas han demostrado que en esos días la marina marroquí danzaba como bailarina inocente alrededor de nuestras costas. El presidente de gobierno, resignado ante el descubrimiento, lo acepta asegurando que fueron “días difíciles”… Entiendo que pueda haber muchas personas defendiendo la calidad diplomática que se ofreció a la ciudadanía con argumentos más propios para bebés de guarderías: quizá alguien les hayametido en vena una excesiva dosis de anestesia.
Cuando son tan incesantes las mentiras, los días, más que difíciles, son interminables.
Pedro Villarejo