Leo en la prensa ciertos artículos sobre la “universalidad del euskera y del catalán” que, si no fuera por lo que conllevan implícito, me daría un ataque de risa que pasaría a la historia. ¡Sí! Estas políticas lingüísticas nacionalistas conllevan cuestiones muy importantes y que no se manifiestan hasta que es muy tarde.
Todos los nacionalismos, sean como sean y del color político que sean, se valen de la utilización partidista de un idioma, dialecto o metalenguaje construido exprofeso para ello. Así, autores como Del Valle (2011) y Fishman (1972) han argumentado que el idioma es una herramienta importante en la construcción de la identidad nacional y puede ser utilizado para fortalecer el nacionalismo.
En el artículo El idioma y el nacionalismo en España: una aproximación interdisciplinaria (Que no veo quien lo firma) se dice:
“En la actualidad, el nacionalismo en España se manifiesta en diferentes formas, y la lengua es a menudo un factor clave. En algunas regiones, el nacionalismo se ha centrado en la promoción y protección de la lengua vernácula. Por ejemplo, el nacionalismo catalán ha estado históricamente vinculado a la promoción del catalán como lengua nacional y ha llevado a la implantación de políticas lingüísticas, en ocasiones desmedidas para preservar y fortalecer su uso.”
Así hemos vivido cómo se han juntado para hablar de sus cosas los catalanes, los vascos y los gallegos y han tenido que llevar traductores. También hemos visto cómo tenemos que pagar de nuestro bolsillo a los traductores del Congreso de los Diputados por la cabezonería de los nacionalistas.
Lo más sangrante es que el catalán no es ningún idioma, es un dialecto del castellano, mal que les pese a algunos y creo, que deriva del valenciá, dialecto más antiguo que el catalán. El euskera, sí es un idioma, pero muy antiguo y sin raíces precisas. Pero lo que no dicen los nacionalistas vascos, todos, es que el euskera que se habla y se exige hoy en día en las provincias vascongadas es un euskera inventado, una refundición de varios idiomas y dialectos, 29 en total, que se hablaban en los distintos valles de lo que ahora se hace llamar País Vasco o Euskadi, y que no ha existido como tal nunca jamás, a pesar de su fundación allá por el 1931.
Los catalanes tienen embajadas repartidas por el mundo. No sirven para nada, tan solo para tener contentos y alejados, con sueldos millonarios a los amiguetes. Los vascos tienen casas del pueblo por los lugares a donde emigraron, sobre todo a Estados Unidos. A los gallegos no les hace falta, están repartidos por todo el mundo. ¡Hay, hasta un gallego en la luna! Según Mojinos Escocios.
Lo cierto es que cuando toda esta gente se quiere hacer entender tiene que recurrir a un idioma universal, que, por supuesto no es el castellano o español, sino el inglés, y así podemos ver cómo el Festival de Cine de San Sebastián utiliza las siglas: SSIFF. No es su nombre en vascuence. No. Es su nombre en inglés: San Sebastián International Film Festival.
O podemos ver cómo los catalanes deben avisar en “catalino”, idioma que tan solo hablan y entienden ellos, y en inglés, éste sí, idioma universal. Lo que jamás usarán será el español o el castellano.
Los vascos, en Andoain, ni tan siquiera utilizan el vascuence para avisar a los camiones de que no pueden entrar en ese barrio, ya que se quedan atascados porque las calles son muy estrechas. Tampoco se les ocurriría ponerlo en español o castellano.
Para terminar, el mismo artículo reseñado más arriba dice lo siguiente:
Por otra parte, el uso de lenguas vernáculas en la educación y en el ámbito laboral puede tener un impacto significativo en la identidad y en la percepción del mundo de los ciudadanos, especialmente de los jóvenes. La teoría de la identidad social, desarrollada por Tajfel y Turner (1986), sugiere que la pertenencia a un grupo social y la identificación con el mismo son fundamentales para la construcción de la propia identidad. En este sentido, el uso de una lengua determinada en un contexto concreto puede reforzar la identificación con un grupo social y, por tanto, influir en la percepción que los ciudadanos tienen de sí mismos y de los demás.
Por ejemplo, si se promueve el uso de una lengua vernácula en el ámbito educativo y laboral en detrimento del español, los jóvenes pueden percibir el español como una lengua extranjera o ajena, lo que podría afectar su identificación con la cultura y la sociedad españolas y, en última instancia, su sentido de pertenencia a España como país. Además, esto podría tener consecuencias en la percepción de los demás grupos sociales que utilizan el español como lengua principal, lo que podría contribuir a la división y el conflicto social.
En el ámbito laboral, el uso de una lengua determinada puede influir en el acceso a ciertos puestos de trabajo y en la percepción de las capacidades y habilidades de los ciudadanos. Por ejemplo, si una empresa requiere el uso exclusivo de una lengua vernácula en sus comunicaciones, aquellos ciudadanos que no dominen esa lengua pueden verse limitados en su capacidad para acceder a ciertos puestos de trabajo o para progresar en su carrera profesional. Esto puede tener consecuencias negativas en la motivación y en la autoestima de los ciudadanos, así como en la economía y el desarrollo de la región en cuestión.
Ahí lo dejo.
Un poco más de cultura e historia verdadera