Tengo en lástima a jueces, fiscales, e incluso al señor Conde-Pumpido, que nada pueden hacer cuando se enfrentan a delitos, que en realidad no son delitos, sino pequeñas delincuencias como robar coches, ocupar pisos por la cara y dejar en libertad a violadores sistemáticos o permitir que entren a España quienes lo deseen porque, una vez dentro, se acogen a leyes que obligan a darles asilo, comida, albergue y una paga al mes para que no pasen necesidades…
Vivir en España es un chollo para este tipo de “trasgresiones menores” y, desde luego, para muchos de las altas esferas que, como están todos aforados, hasta que le llegue el turno si les llega, ya han prescito sus “anomalías” y, como no han leído en don Pedro Calderón aquello de que el honor es patrimonio del alma el alma sólo es de Dios, pues tan frescos. A disfrutar de lo tomado.
Para otros, sin embargo, que ya fueron señalados de antemano como peligrosos defensores de la verdad o conservan en sus archivos evidencias nefastas que comprometen al “Estado” sin remedio; a estos, cárcel con ellos, juicios severísimos y aplicación de las penas encontradas en la letra pequeña del Derecho.
Pedro Villarejo