Ocurrió paseando por una céntrica calle de la ciudad donde vivía, esa ciudad donde la gente paseaba como si el tiempo fuera más lento que en cualquier otro lugar.
Ella recibió una gran sorpresa aquel soleado y magnífico día de primavera en esa ciudad de sus amores, donde la primavera se vivía sorbo a sorbo, como para que se prolongase el mayor tiempo posible.
Las campanas de la Giralda sonaban rítmicas, como queriendo dar a conocer la grandiosidad imponente de su grandísima y magnífica Catedral, con esa figura arriba de la Giralda que parece que nos mira, escudriñando nuestros sentimientos más íntimos. Esa figura le llenaba de una curiosidad infinita desde que la descubrió por primera vez al llegar a Sevilla.
Es la escultura del Giraldillo, que representa a una mujer embarazada vestida con una túnica; lleva un casco al que lo rodea una corona, en una mano sostiene una palma y en la otra un escudo guerrero unido a una lanza con una cruz en la parte más alta, donde está la veleta. Representa el triunfo de la fe cristiana sobre otras religiones, también la fuerza, la victoria y la esperanza.
Vivía desde muchos años atrás en esa ciudad con tanta historia, de la que se enamoró profundamente, de esa tierra y de su gente. En ella vio su gran historia de amor y, cada vez que paseaba, sentía de nuevo aquellos años pasados junto a quien le enseñó a sentir y vivir plenamente en aquella ciudad con misterios y leyendas.
Ese día del reencuentro fue muy especial para ella, pues, después de años sin contacto con ese niño que tanto le marcó al ser uno de sus primeros alumnos, se encontraron.
Se tropezaron literalmente. Ella vio en él a un hombre alto, con un atractivo físico potente, que la sorprendió con un cálido abrazo lleno de cariño en el momento del reencuentro y que la llamó por su nombre.
Fue entonces cuando descubrió quién era ese hombre tan alto y atractivo hoy, que inevitablemente le hizo recordar al niño tímido y vergonzoso de años atrás. Todos sus alumnos resultaron ser lo que todos los padres desean que sean sus hijos.
Recordó que era tan tímido que las clases se prolongaban media hora más para que él abriera su corazoncito con las confidencias que, al terminar la clase, le hacía siempre con una ansiedad indescriptible y que ella guardaba en su corazón.
Fue un gran día saber de su vida y éxitos; sabía que había puesto un poquito de ella misma en su vida y se sintió muy orgullosa con ese éxito obtenido. La proximidad con los alumnos que surge en las clases particulares es una relación próxima y personal que crea un vínculo muy diferente al de las clases en los centros de enseñanza.
Había sido profesora en colegios y conocía bien la soledad que en algunos alumnos se hacía presente en algún curso; y eso que entonces los acosos a nivel académico y educativo no se daban, pues se impartía una formación llena de valores en los colegios y centros dedicados a impartir conocimientos, siempre enseñando lo que significaba el respeto.
Cuando tomó la decisión de dar clases particulares después de retirarse, fue precisamente para reencontrarse con esa ocupación que tan feliz le hizo por la proximidad con sus alumnos y para cubrir la soledad que la vida le ofreció sin pedírsela.
Adoraba su carrera musical, auténticamente vocacional, que le proporcionó muchas satisfacciones, así que se decidió con ganas a retomar su carrera al quedarse viuda demasiado joven y dar clases particulares, conociendo muy bien a todos los alumnos al poner los padres su confianza en ella.
Esa adolescencia y juventud que en algunos casos —más de los deseados— puede crear un distanciamiento con la familia por no gestionar bien nuestra entrega, cariño y empatía con nuestros propios hijos, la conoció mejor al tener ese trato tan cercano con esos, sus queridos niños, desde su bonita infancia.
Ese es un punto importante a observar, pero que obviamos los progenitores por falta de tiempo y por el cansancio al regresar a casa después de nuestros trabajos.
Hoy te pueden enseñar el saber estar, modales y educación, en definitiva, en colegios y centros de cierto nivel, pero la educación se gesta en los hogares: desde sentarse correctamente delante de la mesa hasta comer con la boca cerrada, etcétera.
Cuando te has dedicado a la enseñanza, llegas a considerar a tus alumnos, desde muy pequeños, como la responsabilidad más importante a la que te enfrentarás nunca. Conoces bien los tiempos que vivimos y te comprometes con los alumnos a traspasarles tus conocimientos y tu educación, siempre con la aceptación de los padres.
Con ella aprendieron sus alumnos, además de la música, esa afinidad con los sonidos y las sensaciones que solo educando el oído somos capaces de percibir, para después ser hábiles y saber extraer de un instrumento esos bonitos sonidos que les harán soñar y disfrutar de esas melodías que llenarán sus vidas siempre.
El piano, como instrumento preferido para muchos, es el mejor camino a seguir como comienzo de una carrera musical; luego surgirá el deseo de extraer los sonidos de ese instrumento que escuchaste y que te atrapó, sea cualquiera de ellos.
Entre notas, sonidos y terminar con charlas, las clases particulares resultaban tan deseadas tanto para ella como para sus alumnos, y se preparaba para darlas con ganas y orgullo.
Por eso, ese día del reencuentro con aquel niño adorable, que dejó las clases un verano al divorciarse sus padres, fue muy importante. Fue el año en que entraba en la universidad para comenzar su elegida carrera, esa que le proporcionaría la titulación necesaria para vivir de ella, y tuvo que trasladarse a otra ciudad.
Después de saludarse con alegría y con gran sorpresa para los dos, decidieron sentarse en una terraza y así ponerse al día en cómo habían transcurrido sus vidas en esos años. En este caso, como en tantos otros, ella se sintió orgullosa y feliz por la estupenda trayectoria de otro de sus niños —como así los llamaba—, resultando ser unas personas maravillosas.
Sentirse orgullosos de lo creado a lo largo de nuestras vidas es la satisfacción mayor que un ser humano puede experimentar. Te dará fuerza para seguir vivo y agradecido por todo lo vivido; no te dejará sentir ese frío y miedo que en un momento puede aflorar en tu alma al sentir la soledad en la que la vida te sumió.
Pero ellos, sus niños, nunca la olvidaron ni la dejaron; siempre tenía contacto con ellos y, si alguno se ausentó, con una llamada le recordaba que la quería. Más en fechas señaladas, pues conocían de ella hasta la fecha de su cumpleaños. Dad a vuestros hijos siempre ánimo y hacedles ver que creéis en ellos.
La música es el medio ideal para sumergirse en el ensueño de una vida más dulce y más fácil de sobrellevar, y para enfundarse en esa realidad paralela a la sinrazón que podamos vivir para poder evadirnos del dolor vivido, y así poder sobrevivir en el presente.
Estemos atentos y observemos con atención los cambios en los progresos educativos, como docentes de los hijos de los otros en nuestras horas lectivas, como si se tratase de los nuestros, desde los más pequeños hasta los mayores. Se forman a nuestro lado; hagámoslo con total entrega, amor y paciencia.
Pensad que es primordial vuestro proceder hacia ellos; les dará la confianza necesaria para poner en vuestras manos ese futuro pensado por ellos, pero que solo vosotros podéis hacerles ver con vuestros consejos, por todas vuestras experiencias vistas y vividas.
Que los tiempos cambien a favor de implantar una educación musical es necesario para mostrar a los alumnos esos nobles sentimientos que otras materias, muy necesarias para realizarnos frente a nuestro futuro laboral, no crean.
Aceptar la música como complemento necesario para añadir a esa cultura que les dará un sentimiento y un enfoque lleno de nobles matices, muy necesarios para ser y sentir. Y ese chip tan útil de los sonidos, cuando eres capaz de crearlos, siempre te dará paz en esos malos momentos que puedan surgir en tu vida.
Muchos de esos alumnos, hoy con sus vidas y trabajos resueltos, continúan tocando y creando, siempre buscando ese ratito libre para soñar y hacer soñar a todo el que quiera escucharlos.
Ella continúa aún enseñando a sentir y vivir con música, ese chip prodigioso que se implanta dentro de nosotros y que nos produce un placer único e infinito: solo el piano y tú.
Saber leer partituras y hacerlas sonar, primero en vuestro cerebro, luego ejecutarlas con amor —en este caso en el piano— y sentiréis ese dulce placer al posar vuestros dedos por esas teclas que no se resistirán al tocarlas.
Os sentiréis plenos al ser capaces de hacerlo; ellas os responderán con sonidos limpios y sin disonancias. ¡Es una sensación incomparable!