Las dos damas más conocidas de la literatura española son La dama boba, de Lope de Vega, cuya adaptación estrenó Federico García Lorca en Buenos Aires e interpretó magistralmente Eva Franco y que analiza, con cierta ironía, las instrucciones del amor que cambia todas las vidas. Y la Dama del Alba, de Alejandro Casona, cuya dama es la muerte, nombrada con tal dulzura que hasta darían ganas de morirse para comprobarlo.
Y luego está la otra Dama de Venezuela, extrañamente aún presidenta de su País, de profesión sus maletas, que coquetea con Trump como una señorita indefensa que llevara en la mano, sin embargo, una copa de plata con veneno.
Pronto dejará de ser la excelente amiga del expresidente Zapatero porque el de EEUU precisa información comprometedora de aquel que no quiso levantarse al paso de la bandera norteamericana y, además, es amigo del alma de su enemigo Sánchez.
Quizá no ocurra con Zapatero como con Maduro, pero el defensor de la dama con petróleo no tiene ya búnker donde esconderse.