Fuimos elegidos como los cómplices perfectos, y nosotros sin saberlo…
Actuamos como buenos ciudadanos, cumpliendo con nuestras obligaciones, pagando los impuestos que nos imponen y, como padres en general, nos dejamos la piel por nuestros hijos para que tengan seguridad dentro de sus hogares, dándoles esos principios que nunca aprenderán en las calles.
Ni siquiera en algunos centros de enseñanza, donde ciertos grupos intentan inculcar el “desaprender” lo enseñado por sus progenitores, cambiando del derecho al revés todo lo que significa el ser o no ser… Valiéndose de consignas que les desestabilizarán en sus formas y maneras de comportamiento presentes y futuras.
En la mente popular de muchos de nuestros mayores, suele existir la idea de que jamás un gobierno iría en contra de sus ciudadanos, pues somos sus adalides para que se mantengan estables en sus sillones.
Cuando desde un gobierno pretenden educar a los ciudadanos, mal vamos. Su fin primordial es cambiarles los principios enseñados por sus antecesores e imponerles aquellos que les impulsarán a ellos a gozar de todo lo anteriormente logrado con mucho esfuerzo, inteligencia y respetando lo ajeno, por ser de patrimonio personal.
Las prohibiciones continuas resultan demasiado estudiadas, con doble significado, y quien no lo vea debería hacérselo mirar, pues se expone a sufrir consecuencias irreparables.
(Es lo de siempre: cuando aprendes las reglas en el ajedrez, perderás por no saber, por no ver y por equivocarte. Jaque mate es la definición del final del juego).
Igual que en nuestras formas de vivir nuestras vidas. Sin embestirla, mejor sería analizar nuestras equivocaciones, aprendiendo de nuestros errores.
El juego del ajedrez es como una metáfora de la propia vida; es un buen aprendizaje para saber tomar decisiones importantes, para solucionar errores y, lo más importante, para desarrollar esa estrategia de prolongar al máximo el juego, dando tiempo a pensar las siguientes jugadas…
Mientras tengas al rey contrario inmovilizado en el juego del ajedrez, todo dependerá de si es jaque mate, ataque directo o no; de si ganas la partida o se produce un empate. El rey no se captura físicamente; esa pieza es la más importante, no se “come”. Si el rey queda inmovilizado bajo amenaza y no tiene salida, es jaque mate.
Por eso tienes a los peones, que son la barrera para proteger las piezas más valiosas. Si avanzan juntos, controlarán las casillas del centro y así limitarán el movimiento de las piezas enemigas.
Un músico y ajedrecista francés del siglo XVIII (1726-1795) dijo que “los peones son el alma del ajedrez”. Se llamaba Françoise André Danican Philidor.
Dejad que vuestras mentes trabajen: aprenderán un juego que les dará alas a esas mentes dormidas. Esa sería la base del éxito final del juego y se puede adaptar perfectamente como aprendizaje en nuestras propias vidas.
Analizad el juego, igual que la frase de Philidor, y veréis el mensaje oculto y la intención del emisor con el impacto en quien la escucha.
Salid del continuo ostracismo de nuestro tiempo, que nos está atrapando las neuronas sin darnos cuenta, mientras suenan y resuenan frases de las que deberían arrepentirse quienes las pronunciaron, creando la desaprobación de muchos.
¡La historia verdadera está escrita: solo hay que buscar esa verdad para sentiros libres!
Manipular las mentes es una profesión que hoy se paga muy bien.
¡Y nos convertimos todos en sus cómplices al no tener ni voz ni voto! ¡Solo Dios lo sabe!