Ella lo pensó ese domingo, asistiendo a la misa de diez de la mañana, después de dar un delicioso paseo desde su casa hasta la parroquia, que se encontraba muy próxima.
Sabía que el domingo ocho de junio se celebraba el día de Pentecostés, ese día en el que se conmemora la aparición de Jesús resucitado, mostrándose ante sus discípulos y enseñando sus manos laceradas y su costado, en ese cuerpo engrandecido y glorioso, con las llagas y las heridas de su Crucifixión.
Ese día caminaba agradeciendo el bonito día que hacía y prolongando en el camino sus pensamientos, esos que permanecían anclados en sus bonitos recuerdos, guardados desde antaño.
Llegó a la iglesia; era una parroquia sencilla con poca ornamentación. Para ella, esa iglesia le ofrecía el recogimiento necesario para calmar su alma.
Siempre se llenaba de esa sensación de pertenecer a un lugar de Paz, donde se sentía en comunidad con todos los que acudían a recibir la gracia y renovar las promesas, pero lo más necesario era, recibir el consuelo Divino.
Reclinó su cabeza para rezar, pero en ese instante sintió una especie de fuerza interior que le hacía sentir, que debía hacerlo, darlo a conocer para todo aquel que lo necesitara. Sería un ejemplo para muchos que buscan socorro, para dulcificar sus pesares; ella los superó con las bendiciones que recibió, gracias a su Fé.
Ante el dolor recibido, se tuvo que enfrentar, a sus profundas creencias y, luchando con ella misma, había logrado sobrevivir a esa inmensa eternidad de dolor y angustia.
Y fué muy fuerte, para poder sobreponerse a ese estado de dolor tan intenso que el destino le impuso, con la pérdida de su ser más querido.
Ya había vivido la despedida de su adorado esposo, años atrás, pero comparado con la pérdida de su queridísimo hijo, no existía comparación con ese desgarro del alma, que se debatía en poder aferrarse a la vida, por la vida que el destino robó a su niño:
Fueron horas, días, semanas. meses y casi un año hasta el presente, con sus interminables y dolorosas noches, llenas de preguntas sin respuestas y esas lágrimas que surgían solas y que provocaron que sus ojos enfermarán.
Solo la fuerza interior, basada en la Fé que sus padres le traspasaron a lo largo de sus vidas, logró mitigar ese enorme y terrible vacío, por el que se sentía desvalida.
Y continuaba viviendo y dando gracias a Dios por ese don recibido, que le colmó de una paz interior, gracias a esa fé transmitida, que logra influir en el sentimiento de dolor y pena de cualquier ser humano, dotado con la Gracia de ese Dios pleno de bondad infinita, que se acercó para enjugar las lágrimas, de ese corazón destrozado.
Tiene que ser terrible en momentos tan tristes no tener esa fé, proporcionada por nuestros mayores, que con tanto amor nos
entregaron. Esa sí es la mejor herencia, pues es la que abrirá las puertas a esa vida eterna que podremos gozar con la presencia de nuestro Creador, en unión de nuestros seres queridos.
Dios manda a tu vida, a quedarte aquí, a dar Fé y Esperanza.
A ella, le dio a conocer a esos Ángeles terrenales que se le acercaban y a esos seres de Luz que poco a poco le fueron colmando de esa seguridad para ella misma… ¡No estaba sola gracias a Dios!
Cuando sientes en tu ser esa verdad, no temerás a la muerte y esperarás con dulzura el final de tu vida sin hacerte preguntas.
Ella puede dar testimonio, al ser capaz de poder sobrevivir a esa terrible pérdida gracias a ser creyente, dando testimonio de agradecimiento a nuestro Creador por darle, esa fuerza interior para afianzarnos en nuestra fé.
Con Dios todo es más fácil; es una verdad palpable y en Él encontrarás esa belleza que existe, hasta en el dolor más intenso, solo mostrándote el camino que te acercará para darte ese consuelo, tan necesario sin explayarse en sentimientos, solo mostrándote ese amor tan necesario, que colmará y calmará de dicha tu dolor.
Sin Dios no existe vida, ni amor ni verdad.
Lo material nos hunde en un fango espeso cuando se convierte
en tu compañero en este viaje por la vida. Dios es nuestro baluarte para tener acceso a esa maravillosa vida eterna, que nos está esperando.
Los problemas terrenales, las cuitas, políticas y esos que crean adversarios en todo lo que no les proporcione un beneficio, sea del tipo que sea, pero solo para ellos…
Todos, perecerán en el intento de «conquista»pues el amor, la razón y la libertad que nos proporcionan nuestras creencias como fieles Cristianos, superarán siempre cualquier intento de hacernos naufragar, en sus sucias mentiras y manejos.
Ser fieles a vuestra conquista interior, con el estandarte de esa verdad Divina.
¡Dios existe! Y esa verdad está cada vez, más presente en nuestras vidas.
Vivir en paz es el mejor regalo que podemos recibir; pongamos los medios para que así sea.