Inundaciones, miles de desalojados, personas atrapadas en sus casas, desbordamientos, cortes de carreteras… En menos de 40 días, España ha atravesado un periodo excepcional de inestabilidad meteorológica marcado por la llegada consecutiva de seis borrascas: Goretti, Harry, Ingrid, Joseph, Kristin y Leonardo. Esta sucesión casi ininterrumpida de temporales responde a un fenómeno conocido como “tren de borrascas”, un patrón atmosférico caracterizado por la repetición continua de sistemas de bajas presiones.
Este comportamiento extremo tiene su origen en la dinámica habitual del invierno europeo, cuando las borrascas del Atlántico Norte avanzan hacia el continente cargadas de humedad. Sin embargo, lo llamativo de las últimas semanas ha sido la ausencia de pausas entre frentes, lo que ha intensificado y prolongado el mal tiempo sobre la península.
Según explica Samuel Biener, meteorólogo de Meteored, una de las claves está en el debilitamiento del vórtice polar. Este gran sistema de bajas presiones situado sobre el Ártico suele contener el aire frío en latitudes altas, pero cuando pierde intensidad permite que descienda hacia el sur y altere el comportamiento de la corriente en chorro.
Como consecuencia, la corriente en chorro se ralentiza y se desplaza más al sur de lo habitual, facilitando que las borrascas atlánticas lleguen directamente a España. Al mismo tiempo, el norte de Europa queda al margen de estas lluvias, experimentando una notable falta de precipitaciones.
Otros expertos, como el meteorólogo Massimiliano Santini, subrayan la paradoja del fenómeno: mientras países como Noruega y Suecia registran déficits de lluvia de hasta el 60%, España se convierte en el principal receptor de lluvias persistentes y continuadas.
Desde una perspectiva climática, los especialistas advierten de que el calentamiento del Ártico podría estar intensificando la ondulación de la corriente en chorro, favoreciendo la aparición de estos trenes de borrascas. En este escenario, España afronta un elevado riesgo hidrometeorológico, con previsiones de acumulaciones de entre 200 y 300 litros por metro cuadrado en varias regiones.