La Sala V de lo Militar del Tribunal Supremo tiene desde hace muchos meses dos plazas vacantes. Nueve jueces de reconocido prestigio aspiran en las próximas semanas a cubrir esas dos plazas.
Uno de los aspirantes es el actual presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Celso Rodríguez Padrón, quien durante 14 años fue secretario general del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el órgano que elige a qué jueces se asciende y quienes, en su caso, deben ser sancionados.
Rodríguez Padrón estuvo a punto de ser nombrado como magistrado de la Sala Militar hace un año en el marco de una cuidada operación entre los vocales progresistas (los afines y nombrados por el PSOE de Sánchez) y conservadores (al PP de Feijóo) en el que lo de menos eran el propio Celso y las dos vacantes de la Sala de lo Militar, la cúspide judicial española.
Lo mollar, al menos para los progresistas, era el TSJ de Madrid.
Para nombrar a un alto cargo judicial progresistas y conservadores deben negociar. Tienen 10 vocales cada uno y necesitan obligatoriamente 13. En consecuencia, pastelean (siempre se ha hecho) entre las asociaciones judiciales para que tres vocales desvíen sus votos según el gusto del oponente. Y luego, al revés.
El ascenso de Rodríguez Padrón (gallego, como Cándido Cónde-Pumpido, presidente del Tribunal Constitucional, su principal aval en su anhelo de acabar en la Sala de lo Militar: 7.000 euros de sueldo, relajada…) no era, ni es, lo relevante. Lo codiciado es lo que deja, su plaza, la presidencia de la Sala Penal y Civil del TSJ de Madrid.
Hoy por hoy, este tribunal es el único que puede citar a Ayuso y darle algún paseíllo judicial televisado. A Pedro Sánchez se le iría la olla. La odia más allá de la política.
Ha intentado desacreditarla y llevársela por delante hincándole la espada judicial al novio de Ayuso, por graves delitos fiscales. Pero la víctima trasquilada (y condenada) de todos estos rencores ha sido el ya ex fiscal general García Ortiz. Se prestó al juego antiAyuso de su jefe (¿de quién depende la fiscalía, eh? Pues eso…).
Los primeros que le echaron ojo a la plaza de Rodríguez Padrón en el TSJ fueron los progresistas.
Debieron pensar (no todos, pero son férreamente disciplinados en el voto), que la mejor manera de agradar y agradecer al líder del partido que les ha hecho vocales es conseguirle un juez en Madrid que le dé grandes días judiciales de gloria a Sánchez, viendo desfiles de Ayuso en la plaza de Las Salesas, la milla de oro de la justicia española.
Conclusión: ‘hay que meter a uno de los nuestros en la presidencia del TSJ de Madrid’, pensaron los progresistas.
No es una ensoñación. Tanto interés mostraron hace un año los vocales progresistas del Consejo por llevar a Celso Rodríguez al Supremo y colocar en su vacante a un juez afín, que estaban dispuestos a darles un dos por uno. Es decir, ‘nos dais Madrid y os dejamos que vosotros elijáis a dos del Supremo’.
Ese era el pacto hace un año. Pero se frustró. Este digital reveló las intenciones del sector progresista del Consejo y la operación se truncó.
Ha pasado un año y el tema se ha reactivado. Ya le han dicho desde el Consejo a Celso Rodríguez que ocupará una de las dos vacantes de la Sala de lo Militar. Sucederá en un próximo pleno.
Pero, al margen del deseo subyacente de Sánchez por Madrid, no todo el mundo en el Consejo está de acuerdo con el ascenso de Celso Rodríguez. Hay quienes recuerdan que él fue quien avaló y autorizó los gastos indebidos del expresidente del Consejo y del Supremo Carlos Dívar (fallecido posteriormente; cuentan sus próximos, que de pena…).
Y que también fue él quien autorizó, también como secretario general del Consejo, el alquiler de un Falcón para una ruta por El Caribe en el que hace años se subieron vocales y el, a la sazón, presidente del Consejo.
Una vez que nombren a Celso Rodríguez para el Supremo empezará otra batalla. La de la presidencia del TSJM. Es posible que ya esté pactado el nombre y que sea elección de los progresistas. Hace un año lo ansiaban. Ahora también. ¡Ayuso debería mirar atrás de vez en cuando!