El 1 de enero de 1986, España entró oficialmente en la entonces Comunidad Económica Europea. Aquel paso supuso mucho más que una firma institucional. Marcó el final de décadas de aislamiento y el inicio de una etapa de apertura, modernización y transformación profunda del país. Cuarenta años después, la relación entre España y la Unión Europea se ha consolidado como una de las más relevantes de su historia reciente.
Estas cuatro décadas no solo han cambiado a España. También han reforzado el proyecto europeo con la aportación política, económica y social de un país que pasó de receptor a actor clave dentro de la UE.
Desde su adhesión, España ha ganado peso en las instituciones europeas. Ha ejercido cinco veces la presidencia del Consejo de la UE, participando de forma directa en la agenda política comunitaria. Además, ha contado con nueve comisarios europeos, algunos de ellos con un papel especialmente destacado, como vicepresidencias y carteras estratégicas.
En el Parlamento Europeo, España mantiene actualmente 61 eurodiputados, una representación que refleja su peso demográfico y político tras las sucesivas ampliaciones de la Unión. A lo largo de estos años, tres españoles han presidido la Eurocámara, un hecho que subraya la integración plena del país en las estructuras de decisión.
Este recorrido institucional demuestra que España no ha sido un socio pasivo. Ha participado activamente en la construcción europea, influyendo en políticas clave y defendiendo posiciones propias dentro de un proyecto común, según Europa Press.
Uno de los efectos más visibles de la pertenencia a la UE ha sido el impacto económico. En estos 40 años, España ha recibido más de 150.000 millones de euros en fondos de cohesión, destinados a reducir desigualdades territoriales y modernizar infraestructuras. Gracias a ellos, se han impulsado redes ferroviarias, acceso a banda ancha y apoyo directo a miles de empresas.
A esto se suman más de 35.000 millones del Fondo Social Europeo, que han beneficiado a millones de personas en políticas de empleo, formación e inclusión social. El resultado es claro: el PIB español se ha más que duplicado desde 1986 y el empleo ha pasado de poco más de 10 millones a superar los 21 millones de puestos de trabajo.
El acceso al mercado único también ha transformado el modelo productivo. Las exportaciones han crecido de forma sostenida y hoy representan una parte mucho mayor de la economía nacional. España vende más y mejor al exterior gracias a los acuerdos comerciales de la UE.
El impacto no ha sido solo económico. Más de 200.000 estudiantes españoles han participado en el programa Erasmus, una experiencia que ha marcado a generaciones enteras y ha reforzado una identidad europea compartida.
Cuarenta años después, la pertenencia a la Unión Europea sigue siendo uno de los pilares del desarrollo de España. Un camino con retos, pero también con resultados que han cambiado de forma profunda la vida del país y de su ciudadanía.