Ha pasado un mes desde uno de los episodios más traumáticos de la historia reciente de Venezuela. La captura de Nicolás Maduro durante una operación militar de Estados Unidos en Caracas marcó un antes y un después, no solo por la violencia del suceso, sino por el vacío de poder que dejó. En ese contexto, Delcy Rodríguez ha asumido el liderazgo del país y, un mes después, ha querido dejar claro que su mandato no es provisional en lo político, sino activo, legítimo y con hoja de ruta.
Desde el Palacio de Miraflores, la presidenta encargada se dirigió a la nación con un mensaje cargado de simbolismo y firmeza, apelando a la estabilidad, al diálogo y a la reconstrucción institucional.
Rodríguez defendió su nombramiento como resultado de un pronunciamiento del Tribunal Supremo de Justicia, subrayando que su llegada a la Presidencia responde al marco constitucional vigente. En su discurso insistió en la necesidad de crear un espacio de convivencia democrática, en el que los distintos poderes del Estado puedan confluir pese a sus diferencias.
En este primer mes, el Ejecutivo ha impulsado un diálogo político liderado por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, así como la reactivación de mecanismos vinculados al sistema judicial. Uno de los gestos más relevantes ha sido la ley de amnistía, que ha permitido una ola de excarcelaciones valorada por sectores sociales como un intento de desescalar la tensión política.
Rodríguez ha puesto el acento en una idea recurrente: instituciones distintas, pero un mismo país. Su mensaje busca proyectar imagen de normalidad institucional y de un Estado que vuelve a funcionar tras el shock de enero.
En el plano económico, la presidenta encargada destacó la aprobación unánime de la nueva ley de hidrocarburos, una reforma clave que abre la puerta a exportaciones de petróleo bajo nuevas condiciones. Según Rodríguez, se trata de ofrecer seguridad jurídica a los inversores en un país golpeado durante años por sanciones y bloqueo económico.
Este movimiento no es menor: el petróleo sigue siendo el eje central del futuro económico venezolano y una de las pocas vías para aliviar la presión social. La dirigente insistió en que estas medidas buscan desarrollo, soberanía y bienestar, alejándose del relato de imposición externa.
En política exterior, Rodríguez sorprendió al confirmar contactos directos con el presidente estadounidense Donald Trump y con el secretario de Estado Marco Rubio. Apostó por una relación basada en el diálogo diplomático, reconociendo las diferencias pero evitando la confrontación directa.
El cierre de su intervención volvió a mirar al pasado reciente. Reivindicó las movilizaciones que reclaman la libertad de Maduro y de su esposa, insistiendo en que el país se mantiene en calma, aunque con un clamor nacional aún abierto. Un mes después, Delcy Rodríguez no solo gobierna: marca territorio político en una Venezuela que busca, entre heridas y tensiones, un nuevo equilibrio.