Madrid amaneció bajo la lluvia y el ruido inconfundible de los motores agrícolas. Unos 8.000 agricultores y ganaderos, acompañados por cerca de 500 tractores, recorrieron las principales arterias de la capital en una movilización que quiso visibilizar el malestar del sector primario. Procedentes de distintos puntos del país, los manifestantes confluyeron en el centro de la ciudad para defender lo que consideran la supervivencia del campo.
Las columnas de tractores partieron desde varios accesos a la Comunidad de Madrid y avanzaron hasta la Plaza de Colón, para después dirigirse hacia el entorno del Ministerio de Agricultura. Aunque inicialmente se habían previsto más vehículos, la cifra autorizada permitió una imagen contundente: maquinaria agrícola ocupando el asfalto urbano como símbolo de protesta.
Bajo lemas como “El campo no se vende, se defiende” o “Si el campo no produce, la ciudad no come”, los participantes expresaron su preocupación por la pérdida de rentabilidad, el aumento de costes y las decisiones políticas que, a su juicio, están poniendo en riesgo miles de explotaciones. Muchas pancartas apelaban también a los consumidores, recordando que la crisis del campo puede repercutir directamente en el precio y la calidad de los alimentos.
Los convocantes subrayaron que la movilización no es solo una reivindicación económica, sino una llamada de atención sobre el futuro del mundo rural. Denuncian que los márgenes se estrechan cada vez más, mientras los costes de producción, energía, fertilizantes, transporte, siguen al alza. Esta situación, advierten, provoca el cierre de explotaciones y dificulta el relevo generacional.
Durante la jornada, los portavoces del movimiento insistieron en que el campo necesita políticas que garanticen estabilidad y competitividad. Consideran que las actuales decisiones en materia agraria y comercial generan desventajas frente a productos importados que no siempre cumplen los mismos estándares. También alertaron sobre la brecha creciente entre los precios en origen y los que pagan los consumidores en destino.
La protesta transcurrió bajo un amplio dispositivo de seguridad, con más de 1.800 efectivos entre Policía Nacional y Guardia Civil. A pesar de la magnitud de la convocatoria y de las complicaciones de tráfico, el ambiente fue mayoritariamente reivindicativo y pacífico.
Muchos de los asistentes destacaron que no se trata de una movilización puntual, sino de un aviso. “Nos jugamos mucho”, repetían. Para ellos, el sector primario no solo produce alimentos, sino que sostiene el tejido económico y social de amplias zonas rurales.
La imagen de los tractores frente a edificios emblemáticos de la capital dejó una estampa simbólica: el campo entrando en la ciudad para recordar que su futuro está ligado al de toda la sociedad. La protesta concluyó con el compromiso de seguir alzando la voz hasta que, aseguran, se adopten medidas que garanticen la viabilidad y dignidad del trabajo en el campo.