La pequeña comunidad de Tumbler Ridge, en la provincia canadiense de Columbia Británica, amaneció este martes marcada por la tragedia. Un tiroteo en una escuela secundaria ha dejado al menos nueve personas fallecidas y 27 heridas, en un suceso que ha sacudido profundamente a vecinos, familias y autoridades. Lo que comenzó como una jornada escolar habitual terminó convirtiéndose en una escena de dolor difícil de asimilar.
Según informó la Policía Montada canadiense, los agentes acudieron al centro tras recibir un aviso por un tirador activo. Al llegar, encontraron sin vida a la presunta autora, una mujer descrita como de cabello castaño, que habría fallecido por una lesión autoinfligida. Dentro del instituto fueron halladas seis víctimas mortales más. Otra persona falleció mientras era trasladada al hospital, elevando el balance provisional de muertos.
La investigación se amplió rápidamente a una vivienda cercana vinculada con los hechos. Allí se localizaron otras dos personas fallecidas. Las autoridades continúan registrando propiedades de la zona para descartar más víctimas o posibles conexiones. Mientras tanto, la escuela fue evacuada y los heridos recibieron atención urgente: dos de ellos fueron trasladados en helicóptero en estado grave, y alrededor de 25 personas más fueron evaluadas por lesiones que, en principio, no ponen en peligro su vida.
Más allá de las cifras, el impacto humano es incalculable. Familias enteras esperan noticias, amigos buscan consuelo y el municipio trata de comprender cómo algo así pudo ocurrir en un entorno que hasta ahora era sinónimo de tranquilidad. La palabra que más se repite es incredulidad.
En una rueda de prensa posterior, el comandante del Distrito Norte de la Policía Montada, Ken Floyd, evitó especular sobre la edad de las víctimas y sobre las motivaciones de la autora. “Será difícil determinar el por qué”, reconoció, subrayando que la prioridad es esclarecer los hechos con rigor y respeto hacia las familias afectadas. Las autoridades trabajan ahora para reconstruir la secuencia exacta de lo ocurrido y determinar si existía algún vínculo previo entre la atacante y las víctimas.
Este nuevo episodio reabre el debate sobre la violencia armada y la seguridad en los centros educativos, incluso en países donde estos sucesos no son tan frecuentes. Canadá, que suele presumir de índices relativamente bajos de criminalidad en comparación con otras naciones norteamericanas, se enfrenta ahora a una dolorosa reflexión colectiva.
Mientras las investigaciones avanzan, la comunidad de Tumbler Ridge comienza un proceso de duelo que será largo. Velas encendidas frente al instituto, mensajes de apoyo y abrazos silenciosos son hoy la imagen de un pueblo que intenta sostenerse en medio del dolor. La prioridad inmediata es acompañar a las víctimas y ofrecer apoyo psicológico a estudiantes y familias. Porque detrás de cada cifra hay una vida truncada y un vacío imposible de llenar.