La Administración de Donald Trump estudia impulsar una nueva ronda de aranceles sobre los semiconductores con el objetivo de reforzar la fabricación de chips en Estados Unidos. Sin embargo, la posibilidad preocupa a las grandes tecnológicas, que temen un aumento de costes en plena carrera por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial.
Según publica Politico, Washington analiza una fórmula que podría ir más allá de gravar únicamente los chips importados. Los aranceles podrían extenderse a productos que incorporan estos componentes, como ordenadores portátiles, consolas, servidores y otros equipos esenciales para los centros de datos.
Entre las opciones sobre la mesa figura ofrecer exenciones a compañías extranjeras que se comprometan a invertir en nuevas fábricas de semiconductores dentro de Estados Unidos. También se contempla introducir las tarifas de manera gradual para reducir su impacto inicial.
La industria tecnológica advierte, no obstante, de las dificultades de acelerar la producción nacional. Las fábricas más avanzadas requieren inversiones multimillonarias y años para estar operativas. Mientras tanto, las empresas estadounidenses continúan dependiendo de proveedores asiáticos, especialmente de Taiwán, Corea del Sur y Malasia. La Casa Blanca defiende que la estrategia de Trump ya está movilizando importantes inversiones para recuperar capacidad industrial en un sector considerado estratégico.