Donald Trump volvió a amenazar con «aniquilar» a Irán si no alcanza un acuerdo que incluya el abandono de su programa nuclear y la apertura del estrecho de Ormuz. Ante la Asamblea General de la ONU, planteó la disyuntiva entre un pacto que permita a Irán «reconstruir y hacer un mejor país» o una nueva escalada militar.
Pese a la dureza de sus advertencias, Trump aseguró que confía en alcanzar un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. «Creo que lograremos un pacto después de las elecciones», afirmó, al tiempo que pidió mantener la presión económica sobre Teherán.
En su intervención, el presidente estadounidense también defendió un desarrollo sin restricciones de la inteligencia artificial, a la que denominó «superinteligencia», y abordó otros asuntos de política exterior. Sus declaraciones contrastaron con el mensaje de António Guterres, quien reclamó que la tecnología sea «moldeada por la humanidad, con la humanidad y para toda la humanidad».
En su último discurso como secretario general de la ONU, Guterres dibujó un panorama internacional marcado por el deterioro de los derechos humanos y del derecho internacional. Advirtió de un mundo en el que las «grietas» se han convertido en «abismos» y reclamó una gobernanza responsable de la IA, alertando además de que «los robots asesinos no tienen lugar en nuestro futuro».
Por su parte, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lamentó la falta de liderazgo y credibilidad de la organización para hacer frente a un periodo marcado por numerosos conflictos y crisis internacionales, reafirmando una vez más su apuesta por el multilateralismo.
«La ONU está fallando en una de sus principales misiones, la de librar a la humanidad del flagelo de la guerra. Su credibilidad nunca estuvo tan baja, su capacidad para proteger a los más vulnerables nunca fue tan pequeña», expresó en la apertura de la 81 edición de la Asamblea General.
Lula dirigió nuevamente sus críticas hacia el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y el derecho a veto de unos pocos. «Ese vicio confirió a las grandes potencias el privilegio de la insensatez», valoró el líder brasileño.
«Somos todos rehenes del inmovilismo de un Consejo de Seguridad que no cumple con su papel», denunció Lula da Silva, quien censuró que se estén destinando «miles de millones de dólares» para una nueva carrera armamentística a medida que los conflictos regionales adquieren «proporciones globales».