Como sabíamos aproximadamente a la hora que llegaba, esperábamos al cartero en la esquina por si nos traía noticias de amor dentro de aquellos sobres impacientes. Ahora sólo nos acercan cartas del banco o multas de tráfico encerradas en una fecha límite.
El líder ganador de las últimas elecciones quiere retomar la correspondencia con el aún presidente de gobierno que, en un palacete frente al mar, deshoja el ramillete de sus margaritas.
Contaba Javier Marías que William Faulkner recibía miles de cartas a diario y, al final de su vida alcoholizada, sólo abría las esquinas de los sobres por si había un cheque perdido en alguna. Las demás, se consumían en el fuego sin leerlas.
… Ya sabe usted, señor pretendiente, si no hay cheque dentro que garantice continuidad, ni se moleste en escribirle.
pedrouve