«Soldada»

1 de febrero de 2025
2 minutos de lectura
Dos soldados. | EP

​El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define “soldada” como “sueldo, salario o estipendio” y en su segunda acepción “salario del soldado”.

El mismo diccionario nos dice que “soldado”: es “la persona que sirve en un ejército” y que es común en cuanto al género (el/la soldado) y que no existe, con este sentido, el femenino: “soldada”.

Puede ser que debido a mis 25 años como militar, me chirríe la cabecera de una noticia que leí en “El País” del domingo 26 de enero, que decía: “Hamás libera a cuatro soldadas israelíes en Gaza”. Lo firman Luis de Vega y Antonio Pita.

Por eso no hay “soldadas” como no hay “cabas”, ni “sargentas” ni “tenientas”. No hay “miembras” ni “gilipollos”. Tan solo hay mucho tonto suelto.

Hay que ser muy imbécil o muy sumiso para utilizar «estos palabros» de carácter “feminazi”. O eres imbécil y quieres hacerte el importante, creyendo que la utilización de un nuevo lenguaje es algo que han inventado los seudo comunistas que nos gobiernan, y que es moderno y actual, o eres sumamente sumiso y esperas que se te pague con una columna de opinión, un espacio fijo en el semanal o incluso con un ministerio.

También puede ser que tengan la orden de los de arriba, (hay que recordar que El País es el altavoz del PSOE, es el vocero de nuestro amado líder) de entrar en guerra contra los miembros y “miembras” de la Real Academia de la Lengua Española, posiblemente el último reducto no controlado por los designios del omnisciente Gran Hermano que dirige nuestras vidas.

Nuestro amado líder ya controla las más altas instituciones del Estado. También ha puesto al frente de las empresas privadas estratégicas a sus allegados, como en el caso de Telefónica. Le quedan las instancias más recalcitrantes como la RAE y las universidades, aunque en este último caso ya lo han intentado.

El escritor y político Bernat Joan i Marí, miembro de Esquerra Republicana de Cataluña y Diputado en el Parlamento Europeo por “Europa por los Pueblos” entre 2004 y 2007 llegó a afirmar:

​“He estado a punto de escribir que ya no sufrimos ninguna Inquisición, pero no hay duda de que lo “políticamente correcto” puede acabar convirtiéndose en un tipo de Inquisición, porque coarta la libertad de decir las cosas en la misma medida en la que pueden coartar diversas clases de miedo.”

​Hombre valiente, y así lo pagó. No fue reelegido. Y aunque lo parezca, esta moda de “prescriptivismo”, de Inquisición literaria no es nueva, ni moderna, ni la han inventado las feministas ni los “podemitas”. Ya la encontramos en el Siglo de Oro a juzgar por lo que dice nuestro insigne D. Francisco de Quevedo:

​“Por hipocresía llaman al negro, moreno; trato a la usura; a la putería, casa; al barbero, sastre de barbas y al mozo de mulas, gentilhombre del camino.”

​Los sinónimos de “soldada” son: sueldo, paga, salario, haber y acostamiento. Y ahí me entran las dudas. Acostamiento es: “sueldo o estipendio que se daba a los que servían al rey a algún señor, o seguían su partido.” La definición es pacífica. Los que siguen al rey (en este caso no) o algún señor o partido (Nuestro amantísimo líder y su partido) reciben una “soldada”, pero Hamás no ha entregado a cuatro “soldadas “en Gaza, ha entregado a cuatro soldados (mujeres) en Gaza.

En fin, ya lo advertí en otros artículos (1984, Episodio 4: Neolenguaje) publicado en este mismo medio. Renombrar, darles nuevo nombre a las cosas, hace que quien lo practica se adueñe de esas cosas. Hace más de 500 años que esa idea se inventó, o puede que muchos más. Lo hicieron los nazis en Alemania, Francia en la posguerra, Inglaterra, Trump, y por supuesto nuestros maravillosos gobernantes.

No os dejéis engañar. Las “feminazis” no quieren igualdad. Quieren el poder. El poder absoluto. Y algunos imbéciles se creen que en ese mundo tienen cabida teniendo un badajo entre las piernas.

1 Comment Responder

  1. Excelente columna. A pesar de que algunos de nuestros grandes escritores (no expreso «insignes», a fin de evitar sonar pedante) se han quedado sin tinta hartos de referir lo que con suma claridad recuerda nuevamente Alfonso Pazos. En nuestra adolescencia cuando alguno hacía alguna barrabasada (y fueron muchas) digna de figurar y quedar en nuestra memoria colectiva deciamos que esta ya era insuperable, y siempre alguno decía «esperar y vereís como logramos otra de mayor enjundia», y efectivamente siempre tenía razón. Lograbamos superarnos.

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