Personajes deslumbrantes

21 de junio de 2026
2 minutos de lectura
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. | EP

Zapatero

Mientras los apóstoles asombrados veían el ascenso de Jesucristo a las alturas, ángeles vestidos de blanco les recriminaban la quietud de su postura: “Qué hacéis ahí mirando al cielo”… A la tierra, a las cosas, que diría Ortega, ante la pasividad de aquellos argentinos.

Pero  el expresidente Zapatero no escuchó la advertencia de los ángeles y dedicó parte jugosa de su tiempo a contar las nubes porque, en las suyas, descubrió el ajardinado verde de las esmeraldas y un sin fin de destellos que los diamantes sueltan cuando los sacan de las cajas fuertes. Mientras él contaba las nubes y sus brillos, convencido de que nadie osaría interrumpir tamaña contemplación, la UCO o “los mamporreros de la derecha” hurgaban en sus intimidades que terminaron por fin sobresaltadas.

Una querida amiga porteña, conociendo mi devoción por Pessoa, me acerca hoy una cita del portugués apenas conocida: “ Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas, que ya tienen forma de nuestro cuerpo, y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos”.

Cuando Zapatero llegó a la Presidencia del Gobierno de España estrenó su única camisa, ahora usada y deforme, para hacernos ver que lo suyo era la transparencia. Algunos creímos que era el anticristo, no sólo por sus cejas en flecha de tormentas, sino por la maldad agazapada en sus leyes de Memoria guerracivilista y su ajuste con ETA, perdonando la vida de los asesinos y ahondando en el olvido, sin provecho ni explicación, la de más de ochocientos asesinados.

Fuera ya del cargo  se doctoró en asesor de maldades, cobrando de dictaduras perversas e intentando justificar que lo suyo eran ternuras de intermediario que surcaban las otras nubes en aviones de Plus Ultra.

Él, y muchos como él, saben muy bien cómo esconderse detrás de las leyes que supieron orientar a su provecho. A pesar de los buenos jueces, éstos no irán a la cárcel  porque una serie de aforamientos y burlas van a determinar que no hay pruebas inculpatorias. A la cárcel fueron, o irán, los de siempre, los señalados por ellos para taparles la boca. País el nuestro donde los malos son referentes de moral y los buenos no se salvan de sus juicios pendientes.

Personajes como Zapatero “nos llevan siempre a los mismos lugares” de la mentira y la división. Cuando el expresidente acabe de contar las nubes del cielo, comenzará a contar los años que le quedan en la tierra para recuperar la dignidad que disfrazó en sus tiempos de gobierno. O los tiempos que le quedan para volver a la calle si así lo decide la justicia.Viendo lo que vemos y señalando al poeta Francisco Brines, a veces me siento como aquel hombre que viviera perdido en una casa de una extraña ciudad.

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